DESPUES DE LA MUERTE

enero 23, 2012
Fishermen at the Sea 1796 by William Turner

Fishermen at the Sea 1796 by William Turner

DESPUÉS DE LA MUERTE

En el refugio de la noche
la vida se desplaza levemente

Tan soberbio
tan espectacular era el poema entre las sombras,
que no me alcanzará para escribirlo,
ni la mañana, ni la noche,
ni el resto de mi vida.

Navego como navegaron los grandes navegantes,
a ciegas,
con el pulso detenido por la emoción de cada instante,
oliendo tierra firme en todas direcciones
y así,
otra vez el mar y el profundo cielo permanentemente.
Vientos perfumados
y peces enloquecidos por el hambre, festejan,
la inminencia de un nuevo fracaso.

Nadie ha de morir en ese olvido,
surgen, fortalecidas,
por el odio de seguir buscando,
imprecaciones y blasfemias.
Capitán del hastío,
siempre buscando tierra firme,
siempre encontrando abiertos mares y perfumes,
cerrados océanos.

Con la soberbia de un hombre encadenado
y libre,
un día terminaré gritando entre tus brazos:
yo maté a Dios, quiero la recompensa
y, seguramente, alguien me dará 30 dineros
y mi locura seguirá avanzando sobre todo.

Viene del sur, dirán, es un desaforado.
Anguila escurridiza y voraz,
eléctrico perfume entre las piedras,
palabra desmedida, es el poeta.

Vengo para que conmigo muera lo último.
Más allá de la nada comienza mi camino.

Un hombre es a otro hombre, su poeta y el Otro.
Olímpico destino y, a la vez,
embalsamada furia detenida.
Contraste primordial entre mi ser y el mundo.

Un hombre es a otro hombre, su mirada y el cielo.
Paloma mensajera y, a la vez,
nostálgico asesino entre las sombras.
Entrecortado canto poblado de silencios.

Un hombre es a otro hombre, la muerte y su milagro.

Intento arrancar la venda de mis ojos,
doy duros golpes en el propio centro del timón,
para desviar el rumbo y no consigo nada.
Fumo cigarros y bebo alcoholes fuertes.
Dibujo entre los ojos de la mujer que amo,
la posibilidad de un nuevo recorrido,
y frente a esa mirada maravillada por mi terror
rompo el sextante y la pequeña brújula marina,
y en el corazón pleno de la niebla
-en el comienzo de este nuevo final-
arrojo como si fueran desperdicios
mis últimos recuerdos al mar
y beso tus labios.

Tierra firme
y nuestro barco se retuerce entre las olas,
movimientos desesperados a punto de naufragar,
son el movimiento de nuestros cuerpos.
Babas y leches
se confunden con el torrente de aguas marítimas
y algas
y brillantes moluscos como perlas,
sacrificados a un dios.

Mar abierto
y nuestro barco encalla
en los afiebrados latidos de tu corazón,
tambor entre los leves murmullos de la selva.
Indómito
-salvaje anidando en la maleza-,
arranco tu sexo de la tierra, violines de la música,
movimientos como puñales clavándose en el cielo.

Antes de comenzar mi nuevo camino,
trato de señalizar el punto de partida.
Arranco desde donde el hombre se debate,
en los brazos sangrantes de la nada.

Yo soy ese hombre,
mordido por la vida humana a traición,
enajenado en el entontecido ritmo del reloj,
enloquecido por el palpitante ruido de las máquinas,
ensombrecido por la lujuria de los dioses asesinos
-hombres solitarios y, también, hombres habitados-,
y, sin embargo, doy mi primer paso.
Pequeño paso,
no emprendo veloz carrera hacia las tinieblas,
porque soy un hombre atemorizado,
que ya no sabe si su próximo paso
será marca o nivel de otros pasos humanos
o el callejón sin salida de su muerte.

En los pasos siguientes me desorienta
ver mi nombre en el nombre de las calles,
indicando la dirección deseada.
Brutal encuentro conmigo mismo y sigo andando,
porque seguir andando hacia otro descubrimiento cada vez,
después de los primeros pasos se hace costumbre.
Y, sin embargo, uno también se dice: aquí me detendré.
Detrás de mí, sólo montañas,
y sembraré esa tierra,
y atraeré con mi canto el agua de la lluvia
para que todo florezca y se reproduzca
y lo femenino sea ley del amor,
manzana delirante sin pecado,
y en ese paraíso viviré, tranquilamente, un tiempo.
Después algún humano habitante de la nada de Dios
intentará colonizarme y tampoco habrá guerra.

Cuando se sequen las flores,
cuando se pudran definitivamente los frutos,
porque ya no hay amor en su cuidado,
daré otro paso más,
pequeño paso conmovido como aquel primer paso,
y así, seguramente, veré distintos horizontes,
y así, seguramente, un día, moriré caminando
y nada pasará,
porque los violentos perfumes de mi cuerpo,
cuando camino, son mis propias palabras
y así, veo mi nombre volando en ese olor alucinado,
más allá de mi muerte,
caminando.

Miguel Oscar Menassa
El amor existe y la libertad


CUMPLIR 50 AÑOS

enero 8, 2012

“Soy un hombre,
nací hace 50.000 años
y tengo derecho a la palabra.”
Miguel Oscar Menassa

Cumplir 50 años tampoco es mucho
si uno pretende vivir más de una vida.
Los inmortales que sufren la labor del tiempo
en los desconocidos aledaños de su cuerpo,
ven a cada paso caer los esqueletos blanqueados
de sus sueños,
sin poder reconocer que algo de su letra,
algo de su mano impone su rúbrica
a sus propios huesos.

50 es una bonita cifra para comenzar de cero,
como si una juventud inesperada te permitiera
gozar de aquello que tu antigua adolescencia te negaba.
De repente, sin saber muy bien cómo,
te ves dueño de una renovada fuerza,
no tanto para subir a un árbol,
como para hundirte en sus raíces y saborear
la sabia fresca que trepa por sus brazos.
Cantar en sus ramas cómo la lluvia
lava su robusto cuerpo,
cómo remueve a sus pies la tierra,
cómo se alza desafiante y ciego
sin saber que en él habita un hombre postrero.

Porque ¿qué sabe uno de sí mismo
si aún no ha dicho la próxima palabra?

Cumplir 50 años será entonces
como escribir en un cuaderno nuevo:
“Yo soy el que vendrá,
el que se está escribiendo entre temblores,
el que hará del horizonte su pasado.
Rasgadura final, haré de tu herida una boca,
unos labios atrapados en un verso.”

 

Ruy Henríquez


LA MUERTE Y EL ENVEJECIMIENTO NO TIENEN POR QUÉ SER LA MISMA COSA

enero 2, 2012
Ill-Matched Lovers 1525 by Quentin Massys

III-Matched Lovers 1525 by Quentin Massys

21 de febrero de 1977
Hoy cumple años Olga

 

La ideología es el tiempo donde se desarrollan los hechos de la vida. Tiempo de señalar, indicar, definir, utilizar. Tiempo de limitar la cambiante realidad humana con la que se encuentra en su desarrollo, para no sorprenderse con la existencia de otros caminos que los suyos, enceguece y se transforma en una visión particular del mundo. Es en el tiempo de la ideología (de las creencias) donde los descubrimientos científicos se transforman en instrumentos de la muerte.

En el paroxismo de esa poquedad el hombre llegó a decir: si pienso, existo. Si siento, soy humano. Si veo, existe el mundo, si no veo, no existe. Es con este drama cotidiano a nuestras espaldas como nos enfrentamos al saber, como queda claro, lleno de prejuicios.

El tiempo de la ciencia es el tiempo donde las cosas ya no son lo que son.

La certeza sensible, es decir, lo que toco, lo que veo, lo que puedo oler y pensar, no existe sino como producto efecto de lo que determina y otorga a la certeza sensible el rango de ilusoria. A partir de ahora habrá siempre dos mundos. Uno, aparente (el mundo de los sentidos, de la razón, de la ideología). Otro, el mundo real, latente, que es el que determina esa apariencia y que sólo hallaré mediante un trabajo de reconstrucción que, en todos los casos, hasta hoy es un trabajo teórico.

Y es precisamente donde el inconsciente no juzga ni calcula y sólo transcurre, donde se ilumina como concepto, ya que de ninguna otra cosa puede alardear un concepto, sino precisamente de no juzgar ni calcular, sino tan sólo de transcurrir.

Si la realidad es la metáfora de todo lo posible y la ideología conlleva en todos los casos una visión del mundo totalizadora, podemos decir que la ideología tiende a ser esa metáfora, es decir, tiende a confundirse con la realidad.

La ciencia es en todos los casos menos ambiciosa. Nace a la vida mutilada. Para nacer tiene que decidir a qué parte de la realidad dará nombre. No nace hasta no haber formulado su objeto de conocimiento. Y haber nombrado su objeto de conocimiento le da derechos sobre eso y sobre ninguna otra cosa más.

Es por eso que en el tiempo de las ciencias ha muerto EL TODO, DIOS, LA CIENCIA, LA FILOSOFÍA, EL HOMBRE, dando lugar a lo RELATIVO, LOS DIOSES, LAS CIENCIAS, LAS FILOSOFÍAS, LAS IDEOLOGÍAS, LOS HOMBRES.

Ha concluido el circo, TODO no existe. La realidad será aquella que pueda ser determinada. Los hechos no existirán como tales (es decir no serán históricos) hasta después de ser interpretados.

El hombre en general ha dado un salto al vacío.

Sabe que con la ideología no puede terminar, porque terminaría con su propia vida de hombre, y lo que ocurre con las ciencias es que a veces son inalcanzables.

Hoy también le dije a ella en el día de su cumpleaños:

−Envejecer no es ni bueno ni malo, es también una jugada a realizar que conviene realizar cuanto antes.

La muerte y el envejecimiento no tienen por qué ser la misma cosa.

Miguel Oscar Menassa
Secretos de un psicoanalista
Editorial Grupo Cero


SI NO QUISIERAMOS EDUCAR TANTO, SERÍAMOS MEJORES MAESTROS

diciembre 29, 2011

El concepto de trabajo pone en marcha la socialización de la escritura, de la cultura, del pensamiento. Si no se piensa como trabajo, la creación y la escritura quedan restringidas a la inspiración, a las élites intelectuales, al beneficio de unos pocos.

Si dar cultura al pueblo no consiste simplemente en sentarle en una silla y leerle poesía, sino que es implicarle en los procesos de producción de la cultura, educar al pueblo también será implicarle en la producción de su propia educación y no solamente darle una lección hasta que la aprenda de memoria.

El objeto técnico tiene una ventaja sobre la producción de conocimiento de unos 500 años. Cualquier capataz de empresa tiene, por tanto, una ventaja semejante sobre el maestro de escuela o el profesor universitario. El desarrollo exponencial de la tecnología sobre la producción del pensamiento, supone que este último no ha alcanzado ni la industrialización ni la socialización que el objeto tecnológico ha logrado. En materia del pensamiento, puede decirse que, la producción es más bien artesanal.

Ello se ve reflejado en la creencia de que la creación y la producción científica es una cualidad esencial de unos elegidos, beneficiados por la fortuna de haber nacido con ventajosas condiciones intelectuales. Una creencia que desprecia el carácter transformador del trabajo y la tarea hominizante de la cultura.

La erudición sin saber, la exaltación de la imagen académica y autoritaria del profesor como aquel que detenta un supuesto saber, el culto a la memorización y a las formas tradicionales del aprendizaje, dominan todavía nuestras formas de enseñanza, que en general sigue siendo victoriana.

Que la educación sea victoriana significa que es una educación “antipsicológica”, es decir, que no tiene en cuenta las verdaderas condiciones psíquicas ni del maestro ni del estudiante. Su principal característica es un excesivo racionalismo centrado en los polos dialécticos de la conciencia: inteligencia-estupidez, conocimiento-ignorancia, comprensión-incomprensión, premio-castigo, etc.

Como la política y el psicoanálisis, la educación es una tarea imposible. Uno no puede enseñar a otro, pero le puede dejar que aprenda. Por eso, la tarea más urgente del maestro es dejar crecer a los jóvenes, dejarlos que aprendan, no educarlos. Abandonar el “furor educandi” permite que el estudiante pueda por fin aprender. Si no quisiéramos educar tanto, seríamos mejores maestros.

Aprender viene de “apprehendere”, aprehender, capturar, adquirir. El hombre tiene que aprenderlo todo, para producir su humanidad. Este aprendizaje no es otra cosa que un dejarse prender en las redes del lenguaje.

La educación no es, entonces, una mera transmisión de conocimientos, sino una toma de posición en un saber.

Por eso es que cuando estudiamos de memoria algo, rápidamente lo olvidamos. La conciencia, como cualquier órgano de percepción es incapaz de conservar, de retener, es decir, de memorizar. La verdadera memoria es siempre inconsciente. Ella no reproduce, sino que es transferencial.

Si en el “aprender de memoria” no hay implicación del sujeto, si no está puesta en juego su libido, si en definitiva no se deja tocar por lo que lee, es decir, si no se transforma con la lectura, se puede decir que no ha habido lectura.

El psicoanálisis inaugura una nueva ideología que supone una revolución para la producción del pensamiento. La vida psíquica ya no mira desde donde comprende, sino que mira desde donde no sabe. El psicoanálisis abre un nuevo campo ideológico: un saber no sabido por el sujeto.

Este saber no sabido por el sujeto es el inconsciente. Un inconsciente que se constituye por recurrencia y que funciona en mí sin que yo sepa nada de él. Es decir, un saber que se produce fuera de las leyes de la conciencia.

Esto significa, que el saber no lo posee ni el maestro ni el alumno, y tampoco está en los libros. El saber hay que producirlo cada vez. Por eso es que tener cultura es producir cultura. Estudiar es producir la educación, educarse, implicarse en su producción.

Ruy Henríquez

Psicoanalista

Publicado en Revista Extensión Universitaria Nº 130


VIAJE DE LOS MAGOS

diciembre 5, 2011

The Adoration of Magi and Nativity

“Buen frío que pasamos con aquello,
exactamente el peor momento del año
para un viaje, y un viaje tan largo:
los caminos ahondados y el tiempo que mordía,
lo peor mismo del invierno.”
Y los camellos irritados, llagados en las patas, recalcitrantes,
tirándose en la nieve que se fundía.
Hubo veces que añorábamos
los palacios de verano en laderas, las terrazas,
y las muchachas sedeñas trayendo sorbetes.
Además, los camelleros maldiciendo y gruñendo
y escapándose, y queriendo sus tragos y mujeres.
Y las hogueras nocturnas apagándose, y la falta de cobijo,
y las ciudades hostiles y los pueblos poco amistosos
y las aldeas sucias y cobrando precios altos:
muy duro que lo pasamos.
Al final preferíamos viajar toda la noche,
durmiendo a trechos,
con las voces que cantaban en nuestros oídos,
diciendo que todo eso era locura.

Entonces, al amanecer bajamos a un valle templado,
húmedo, bajo la línea de las nieves, oliendo a vegetación,
con un arroyo que corría y una aceña golpeando la oscuridad,
y tres árboles en el cielo bajo.
Y un viejo caballo blanco salió al galope por el prado.
Entonces llegamos a una taberna con hojas de vid sobre el dintel,
seis manos en una puerta abierta jugándose a los dados
monedas de plata,
y pies dando patadas a cueros de vino vacíos.
Pero no hubo información, así que seguimos
y llegamos al anochecer, ni un momento antes de tiempo
para encontrar el sitio: fue (podría decirse) satisfactorio.

Todo eso pasó hace tiempo, lo recuerdo.
Y lo volvería a hacer, pero escribid esto,
escribid esto: ¿se nos llevó tan lejos a buscar Nacimiento o Muerte?
Había un Nacimiento, es cierto,
tuvimos pruebas sin duda.
He visto nacimiento y muerte,
pero había creído que eran muy diferentes;
este Nacimiento fue
dura y amarga angustia para nosotros,
como Muerte, nuestra muerte.
Volvimos a nuestros sitios, estos Reinos,
pero ya no más a gusto aquí, en el viejo estado de cosas,
con una gente extraña aferrándose a sus dioses.
Me alegraría de otra muerte.

T. S. Eliot
Poemas de Ariel


ENTENDER COMO OBSTÁCULO EPISTEMOLÓGICO

noviembre 24, 2011

The Extraction of the Stone of Madness 1480 by Hieronymus Bosch

Querer entender, pretender comprender cuando leemos o estudiamos un escrito nuevo, o cuando nos iniciamos en el camino de una nueva disciplina, es más un obstáculo epistemológico que una legítima herramienta de lectura.

Se tiene la idea de que si en una clase algo entendemos, ello significa que algo hemos aprendido y que si no entendemos nada, nada hemos aprendido. Pero hacer inteligible un tema o un escrito no tiene que ver necesariamente con su comprensión. Es conocido el caso en el que Einstein se ve en la situación de explicar la teoría de la relatividad a un grupo de estudiantes. Los estudiantes al no comprender sus primeras explicaciones, le piden al maestro que lo haga más sencillamente. Después de varios intentos y simplificaciones, los alumnos dicen por fin “ya entendimos”, a lo que Einstein responde: “Bueno, pero esto que habéis entendido ya no es la teoría de la relatividad”.

Si el maestro sólo tiene como propósito que sus alumnos entiendan, tendrá que hacer demasiadas concesiones a la ideología, es decir, tendrá que ceder en sus palabras para poder mantener la “buena opinión” de sus alumnos. La ciencia, como dice Bachelard, en La formación del espíritu científico, “tanto en su principio como en su necesidad de coronamiento, se opone en absoluto a la opinión”. La opinión, la doxa, no puede pensar lo nuevo, por ser un pensamiento ideológico, es decir, por ser una forma de pensar que se opone a su transformación. Un pensamiento nuevo es aquel que opera una ruptura con las opiniones comunes de la ideología.

De este modo, no podemos estudiar conservando intactos nuestros prejuicios, nuestras ideas acerca de cómo se aprende: pensando que se aprende si previamente entendemos. Y ello porque nuestra opinión es un obstáculo epistemológico. Nuestra opinión, afirma Bachelard, “es el primer obstáculo a superar. No es suficiente”, por tanto, “rectificarla en casos particulares, manteniendo un conocimiento vulgar provisorio.”

Spinoza da un paso más que Kant, cuando nos dice que al conocer no sólo se transforma el objeto de conocimiento, sino también el sujeto que conoce. No podemos aprender nada nuevo si no nos transformamos en la tarea de aprender. Por ello si la lectura no transforma al lector, podemos decir que no ha habido lectura.

Entender cómo todo trabajo tiene un tiempo, un proceso, es decir, es fruto de una construcción. Comprender, por tanto, no puede ser un punto de partida, sino un lugar al que siempre estamos por llegar. Si es nuestro punto de partida, comprender se convertirá en un obstáculo en nuestra tarea de estudiar o de aprender. Si estudiamos sólo aquello que podemos comprender, sólo podremos aprender cosas conocidas, familiares. Pues en el esfuerzo por comprender nos oponemos a lo nuevo que se nos dice, comparándolo con lo ya conocido; de forma que se pierde la novedad. Ningún nuevo conocimiento, ningún nuevo saber podremos alcanzar de este modo. Podremos A = A, que es un conocimiento que no añade nada a lo que ya sabemos, pero no A = B, que siempre nos dice algo nuevo.

La ambición por comprender es también la ambición de cerrar una cuestión, de responder una pregunta, de acabar con la complejidad que se nos plantea. Estudiar, investigar, leer son propuestas de transformación del sujeto que estudia, que lee, que investiga. Por eso es que estudiar no se propone dar por terminado lo complejo, sino que inaugura la serie en la que el sujeto se ha de ir transformando, en la que ha de dejar de ser idéntico a sí mismo, entregándose a nuevos pensamientos.

Ruy Henríquez
Psicoanalista
618 596 582
ruyhenriquez@hotmail.com
www.ruyhenriquez.com

Publicado en Extensión Universitaria Nº 129


EL PSICOANÁLISIS EN LA EDUCACIÓN

noviembre 17, 2011

Veamos claramente qué es lo que constituye la misión primera de la educación. El niño debe aprender a dominar sus instintos. Es imposible dejarle en libertad de seguir sin restricción alguna sus impulsos. Ello constituiría un experimento muy instructivo para los psicólogos; pero les haría imposible la vida a los padres y acarrearía a los niños mismos graves prejuicios, como se demostraría en parte inmediatamente, y en parte en años posteriores. Así, pues, la educación tiene forzosamente que inhibir, prohibir y sojuzgar, y así lo ha hecho ampliamente en todos los tiempos. Pero el análisis nos ha demostrado que precisamente este sojuzgamiento de los instintos trae consigo el peligro de la enfermedad neurótica. Recordaréis cuán detalladamente hemos investigado los caminos por los que así sucede. En consecuencia, la educación tiene que buscar su camino entre el escollo del dejar hacer y el escollo de la prohibición. Y si el problema no es insoluble, será posible hallar para la educación un camino óptimo, siguiendo el cual pueda procurar al niño un máximo de beneficio causándole un mínimo de daños. Se tratará, pues, de decidir cuánto se puede prohibir, en qué épocas y con qué medios. Y luego habrá de tenerse en cuenta que los objetos de la influencia educadora entrañan muy diversas disposiciones constitucionales; de manera que un mismo método no puede ser igualmente bueno para todos los niños. La reflexión más inmediata enseña que la educación no ha cumplido hasta ahora sino muy imperfectamente su misión y ha causado a los niños graves daños. Si encuentra el camino óptimo y llega a realizar de un modo ideal su misión, podrá abrigar la esperanza de extinguir uno de los factores de la etiología de la enfermedad: el influjo de los traumas infantiles accidentales. El otro -el poderío de una constitución insubordinable de los instintos-, nunca podrá suprimirlo. Si pensamos en los difíciles problemas que al educador se plantean: descubrir la peculiaridad constitucional del niño; adivinar, guiándose por signos apenas perceptibles, lo que se desarrolla en su vida anímica; otorgarle la justa medida de cariño y conservar, sin embargo autoridad eficaz. Si pensamos en todos estos difíciles problemas, habremos de reconocer que la única preparación adecuada para la profesión del educador es una preparación psicoanalítica fundamental, la cual deberá comprender el análisis del sujeto mismo, pues sin experiencia en la propia persona no es posible asimilar el psicoanálisis. El análisis de los maestros y educadores parece ser una medida profiláctica más eficaz aún que el de los niños, y menos difícil de llevar a la práctica.

Citaremos, de paso, una promoción indirecta de la educación por medio del análisis, que puede alcanzar algún día máxima influencia. Los padres que han pasado por el análisis y deben a él muchas cosas, entre ellas el conocimiento de los defectos de su propia educación, manejarán mucho más comprensivamente a sus hijos y les ahorrarán muchos daños que a ellos no les fueron ahorrados.

Sigmund Freud
Nuevas lecciones introductorias al psicoanálisis
Lección XXXIV


El tiempo del inconsciente

noviembre 9, 2011

“Es por eso que el psicoanálisis se puede permitir decir que un proceso psicoanalítico es una nueva escritura que acontece sobre una escritura anterior —el pasado— que lo transforma. Que es una historia que se escribe durante el proceso psicoanalítico sobre otra historia que era la que suponíamos escrita y además indeseable, inmodificable, absolutamente imposible de ser transformada porque ya había pasado. El proceso psicoanalítico muestra precisamente un pasado con tal dinamismo que sea capaz de transformarse por los hechos futuros, es decir, los que todavía no acontecieron.”

Miguel Oscar Menassa
“Tiempo real, tiempo histórico”
Freud y Lacan -hablados 1-

www.editorialgrupocero.com


ANTICIPANDO LA REALIDAD: NOTAS DE DIRECCIÓN DE LAS 2001 NOCHES Nº 129

noviembre 1, 2011

NOTAS DE DIRECCIÓN Nº 129

Distancia, hay que tomar distancia, me digo. Porque, hoy día, nada es lo que parece.

Vivimos en un mundo globalizado, donde la ficción imperante es que todo lo que ocurre se puede saber, y todo lo que se sabe, es verdad. Es la famosa sociedad de la información.

Así, las noticias vuelan de oriente a occidente, de norte a sur del planeta, teñidas por una suerte de amarillismo ideológico al servicio de intereses económicos o de poder, que en el fondo es lo mismo.

Es un viejo truco: al ofrecer más datos, más contenidos, más escritos vacíos, el humano de a pie no puede procesarlo todo. Ametrallado por tanta información, se refugia en lugares conocidos, tendencias conocidas, argumentos conocidos… Todo para no pensar.

Hoy día, nada es lo que parece, y los ejemplos son múltiples:

El que era gran aliado hace apenas un año, ahora es el cadáver de un asesinado brutalmente, exhibido sin ningún pudor en todas las televisiones.

El que fue considerado benefactor del pueblo, empresario o banquero de éxito, ejemplo de trabajo y tesón, hoy es maldito, hasta por su familia, por haber llevado a la ruina a miles de personas.

La alegría de una buena noticia (aunque sea el comienzo de la paz, después de 40 años de muerte) es enturbiada por las zancadillas de quienes les gustaría apuntarse el tanto (porque ellos no supieron o no quisieron hacerlo) y no pueden tolerar que hayan sido otros los que lo lograran.

La protesta pacífica (y posiblemente justificada) de una gran parte de la sociedad contra el absolutismo económico es banalizada hasta el punto de convertir a sus protagonistas (independientemente de su ocupación, edad o poder adquisitivo) en malhechores, mendigos o perroflautas.

Y, en este último saco, se mete todo lo que convenga a según qué tendencias políticas, incluida la gamberrada de un par de jóvenes, quizá un poco ebrios, quizá un poco ignorantes del lugar donde estaban y de la utilización que se haría de sus actos.

Porque, si nos quedaba alguna esperanza de liberación, estamos a punto de perderla, puesto que ya ni siquiera esa palabra es garantía de nada. Hoy en día, no podemos esperar nada de la esperanza.

Sí podemos, por el contrario, abandonar la lectura ingenua de la realidad, ésa que nos indica que todo lo que nos dicen es verdad, y comenzar a desconfiar de las apariencias porque sabemos que, hoy día, nada es lo que parece.

Por último, como corresponde a estas fechas del año, quisiéramos recordar a nuestros muertos.

A veces, para ocultar o taponar el dolor de la pérdida, nos embarcamos en pleitos, luchas, demandas de justicia, búsquedas de culpables o melancolías eternas, cuya única función es distraernos de la verdadera herida: hay un otro que ya no está, y nosotros sí.

La muerte tiene esas cosas…

Así que, para poder seguir, vivos, hemos decidido reconciliarnos con la vida, y lo hacemos de la manera que mejor sabemos: a través de la poesía.

En este número, como Editorial, un poema de Miguel Oscar Menassa, La Guerra, (publicado por primera vez en 1984), muy acorde, por su anticipación, con los tiempos que vivimos.

Después, Rafael Alberti, poeta español que, en 1977 (tras treinta y ocho años de exilio, veinticuatro en Argentina y catorce en Italia), regresa por primera vez a España. Sus primeras palabras al descender del avión fueron: “Me fui con el puño cerrado y vuelvo con la mano abierta en señal de concordia entre todos los españoles”.

Porque eso es lo que deseamos, hoy, aquí, a 20 días de las Elecciones Generales: que el sentido común reine sobre las diferencias.

En las páginas centrales, Paul Celan, poeta en lengua alemana, nacido en Rumanía en 1920, que esquivó los zarpazos del nazismo para legarnos su poesía, su agudo saber acerca de las sociedades humanas.

Un consejo: si después de leer este número de Las 2001 noches, usted ha decidido, por fin, comprender algo del mundo en que vive, mejor estudie psicoanálisis.

Carmen Salamanca
Directora de Las 2001 Noches


EL DESEO DE ESTUDIAR SE CONSIGUE ESTUDIANDO

octubre 27, 2011
Dibujo original de Miguel Oscar Menassa

Dibujo original de Miguel Oscar Menassa

La palabra estudio y todas las que se derivan de ella (estudiante, estudiar, etc.), tienen como raíz etimológica la palabra latina studium que significa “interesante”.

Resulta sorprendente escuchar, sin embargo, que tanto los profesores como los estudiantes, consideren nuchas veces que hay asignaturas, o temas dentro de una asignatura, más o menos interesantes. Si partimos de la idea de que lo que estudiamos (o lo que enseñamos, pues enseñar es una modalidad del estudio) tiene que ser interesante, nos encontraremos con que algunos campos del saber y del conocimiento nos estarán vedados.

Cuando pensamos que algo es interesante por sí mismo, lo que realmente estamos pensando es que hay cosas que nos interesan y cosas que no nos interesan. El interés, en este sentido, no difiere de nuestros gustos. Entonces, lo que realmente estaremos diciendo será: “Esto me gusta, esto no me gusta”.

Pero si esta es nuestra manera de pensar el estudio, muy pocas cosas podremos estudiar. El gusto, como muchos otros de nuestros hábitos, es una construcción ideológica que la familia, la sociedad y el Estado llevan a cabo en cada uno de nosotros a través de la educación. Una ideología que nos acompaña y que determina en gran medida nuestra forma de vivir, pero que al tratarse de algo ideológico, sólo nos permite lo conocido y lo familiar. Esto significa que no podré conocer otras cosas que no sean ni conocidas ni familiares, por alejarse de mis gustos.

Ahora bien, pensando que hay cosas interesantes per se, atribuimos a las cosas una esencia o un espíritu capaz de capturar nuestro interés. Esta forma de pensar, es previa al pensamiento moderno, al que dio origen la Revolución Copernicana.

El psicoanálisis, la última y más importante de las revoluciones copernicanas producidas en el pensamiento humano, viene a decir que no hay nada interesante per se, que todo lo interesante lo es si previamente lo he rodeado con mi libido, es decir, con mi interés.

Esta formulación es de una gran importancia, si tenemos en cuenta que el sujeto psíquico lo hace todo con su libido. No sólo lo que estudiamos, sino todas nuestras relaciones con la realidad, con las personas y con el pensamiento, son expresión de lo que podemos hacer con nuestra libido.

El movimiento que hace la libido podría describirse como un movimiento envoltorio que parte del sujeto, enlaza al objeto y retorna al sujeto. Este movimiento es lo que hace que algo tenga o no tenga interés para mí. En este sentido, la libido no tiene objeto, sino que se desplaza constantemente sobre los objetos, construyéndolos como objetos de interés o, por el contrario, abandonándolos a la indiferencia.

Por ello, si estudiamos poco, amamos poco, trabajamos poco… significa que nuestra libido está detenida en algún lugar del circuito que habitualmente realizamos para relacionarnos con el mundo: o bien en un único objeto o bien en nosotros mismos. Si se trata de un objeto, la elección es con seguridad incestuosa. Si la libido está detenida en mí mismo, el narcisismo es su mejor descripción. El sujeto, en esta situación, no encuentra ningún tema más interesante que sus propios pensamientos.

Sea como sea, el sujeto sufre cuando se produce esta rigidez libidinal y muchas veces para salir de ella recurre a la enfermedad.

Desde esta perspectiva, el estudio no sería otra cosa que la tarea de aplicar nuestro interés, es decir, nuestra libido, a los distintos objetos de estudio. No habría, por tanto, asignaturas ni temas más interesantes que otros. Lo que habría sería el trabajo de enlazar aquello que debemos estudiar con nuestro interés libidinal.

Debido a que la libido enlaza mejor con aquellos caminos conocidos, es decir, con aquello que se hace significante, la repetición de una tarea, de un acto producirá la ligazón necesaria para llevar a cabo dicha tarea. Así por ejemplo, repitiendo el acto de leer, estudiar o investigar conseguiremos que leer, estudiar e investigar se hagan interesantes por sí mismos, independientemente del objeto al que se apliquen.

El deseo, como todo lo humano, es producto de un trabajo. Si mi deseo es estudiar, tengo que saber que dicho deseo no es previo a la tarea, sino que es un efecto de la tarea de estudiar. Es el ejercicio del estudio lo que hace que estudiar se haga interesante.

Ruy Henríquez
Psicoanalista

Publicado en Revista Extensión Universitaria Nº 128


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