Aforismo 333 de “Aforismos y Decires” de Menassa

El hombre actual, todavía enfrentado con la naturaleza, ciego a lo humano, un pequeño animal, abrumado por tener tantas armas contra todo. Sin tiempo para el amor. Casi materia inanimada, menos que una ilusión, aire, agua.

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Grandes libros del año

Durante el año que termina he leído varios libros. Uno de ellos fue el libro de Cormac McCarthy No es país para viejos, que los hermanos Cohen llevaron al cine. En la contraportada del libro, y en numerosos artículos y críticas literarias, había leído que a McCarthy se le consideraba un discípulo aventajado de Melville y Faulkner. Sin embargo, al leer al ganador del Pulitzer del 2007, comprobé que no llegaba ni por asomo a la categoría que se le atribuía. El libro era idéntico a la película, parecía escrito como un guión del que no hacía falta hacer ninguna interpretación, o mejor dicho, la película era una mera trascripción del libro, sin que hubiera hecho falta ninguna adaptación cinematográfica. Pero lo peor no era eso. El tiempo poético de las novelas de Faulkner, no había dejado ni siquiera una leve pausa en la novela de McCarthy. Sus personajes, como la mayoría de los personajes del cine americano actual, no saben lo que es un diálogo, algo que los grandes autores americanos, como Faulkner, Melville o Steinbeck, por nombrar unos pocos, verdaderos herederos de los grandes clásicos universales, sí conocieron.
El pasado sábado, la revista Babelia que publica El País hizo una selección de los mejores libros publicados durante el 2008. Para mi sorpresa no había ningún gran libro en esa lista. Me pregunté sobresaltado ¿Acaso este año no se ha publicado ningún gran libro? Pero, pensé más sosegadamente, ¿Por qué debería creerles ahora cuando en tantas otras ocasiones habían pretendido engañarme? La reciente selección de los mejores poetas de habla castellana era una clara muestra de ello: habían dejado fuera de ella a verdaderos grandes poetas como Dámaso Alonso, Germán Pardo García, Leopoldo de Luis…
Harold Bloom, autor del canon de los mejores libros que hace unos cuantos años causó un escándalo al dejar por fuera a la gran mayoría de autores de lengua castellana, es también aquel que compara a McCarthy con Faulkner y Melville. Crítico literario y rey midas de las grandes editoriales, como los críticos de Babelia, sólo recomienda a sus amigos, es decir, al consorcio de las editoriales que forman una poderosísima red. Todo ello salpicado con uno o dos nombres de pequeñas editoriales, que pronto pasarán a formar parte del entramado que controla la cultura impresa de este país.
Pero, en realidad, ¿qué significa que un libro sea grande? ¿El volumen de ventas? ¿Su promoción descarada en revistas, periódicos, grandes almacenes e incluso telediarios? No lo creo. Un gran libro sólo se puede escribir. Y no hay libro que se convierta en grande si antes su autor no lo ha escrito con grandeza. Porque un gran libro es aquel que transforma a quien lo lee. Un gran libro es aquel que forma parte de la experiencia vital de quien, después de leerlo, lo incorpora a su propia lengua cotidiana. Un gran libro, en definitiva, como diría Whitman y Pavese, es aquel que lleva dentro un hombre, esto es, que contiene un pensamiento. Esos libros, estoy de acuerdo, no abundan en el mercado.
Sin embargo, uno de esos libros fue excepcionalmente publicado durante este año. Se trata de Aforismos y Decires. 1958-2008 del poeta y psicoanalista Miguel Oscar Menassa. Un libro, publicado en octubre pasado por la Editorial Grupo Cero, que cualquier amante de la literatura, de la poesía, de la creación y del Pensamiento, con mayúsculas, debería considerar indispensable.
A la altura de Goethe, Lichtenberg o Voltaire, Menassa nos transmite en breves y certeras sentencias la esencia destilada de su pensamiento, construido a través de medio siglo de escritura. Un libro realmente grande.

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Armas de destrucción masiva en el despacho oval

Indio Gris EXTRA 197
AÑO IV
EDITORIAL

EL CHISTE DEL SIGLO SEGÚN LOS TELEDIARIOS:

George W. Bush, agachado, buscando armas de destrucción masiva en el Despacho Oval.

LA VERDAD DEL SIGLO SEGÚN SIGMUND FREUD:

El chiste y su relación con el Inconsciente: En el único lugar que hay armas de destrucción
masiva es en el Despacho Oval.

LA GUERRA

La guerra,
hoy estuve pensando en los señores y la guerra.
Y tengo que decirlo, aunque nadie lo crea,
mil litros de sangre coagulada rompieron a llorar.
El vientre de mi madre partido en mil pedazos,
sus brazos, sus amores, sus nervios congelados.
Mi padre, su mirada quebrada por el tiempo,
mi padre muerto, podrido, agusanado
y mis tristes hermanos y yo mismo, viviendo de silencios.

La guerra,
hoy estuve pensando en las señoras y la guerra.
En mi pueblo nadie dormía bien,
el corazón de la ciudad vivía alborotado.
Las mujeres tejían por las noches trapos de sangre,
los hombres murmuraban, urdían venganzas, se morían.
Los más jóvenes vestían de luto permanentemente
y los pequeños ángeles futuros morían antes de nacer
y mis tristes hermanas y yo mismo, muriendo de silencios.

La guerra,
esta vez, también, será con otros.
Hablaré con las voces ocultas de la tierra,
con aquellos muertos que fueron, totalmente,
privados de su libertad.
Hermosos muchachos, llenos de energías,
muertos antes de tiempo.
Soy esa grandiosa energía liberada,
nadie podrá conmigo, soy un millón de muertos,
el himno que la muerte reclama para sí,
lo negro de lo negro,
los brillos de lo negro,
las esmeraldas de la muerte.

Indio Gris

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Bombardear una ciudad cuando los niños van a la escuela

“Escribir es más difícil que morir”
Miguel Oscar Menassa, Aforismos y Decires

Qué truculenta resulta tu muerte
en las imágenes
¿Es tan roja la sangre?
¿Es tan brillante la herida?
Los cadáveres de los niños
tan hermosamente quietos
parecen dormidos.
Y ese hombre mutilado
parece meditar con su cráneo vacío.
Las desgarradas manos,
las destrozadas uñas
agarrándose al último trozo de vida.
Los cuerpos llenos del espeso polvo de la guerra,
los ojos ciegos asomándose
por los cráteres dolorosos de las balas,
ensayando la lectura de la muerte.
¿Tan fácilmente muere la gente?
Ayer un coche bomba mató 14 niños.
Iban todos a la escuela.
No hay cuerpos,
no hay cadáveres ensangrentados.
Si los encontraras a tu paso
jamás reconocerías en ellos
lo que entiendes por la palabra niño.
Por eso de nada sirven las imágenes.
Verías ropa,
manchas rojas,
trozos mutilados mezclados con trozos de metralla,
carbonizados los últimos fragmentos.
Bombardear una ciudad
cuando los niños van a la escuela…
Bombardear una ciudad
cuando los niños…
Bombardear una ciudad…
Bombardear… hace que el tiempo retroceda.
Pero no el tiempo de las armas,
ni el tiempo de las horas en su esfera ciega.
Es el tiempo de los libros,
es el tiempo de la letra
el que se detiene y vuelve atrás,
el que desaparece con la guerra,
mientras la muerte sigue su camino.

Ruy Henríquez

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