Grandes libros del año

Durante el año que termina he leído varios libros. Uno de ellos fue el libro de Cormac McCarthy No es país para viejos, que los hermanos Cohen llevaron al cine. En la contraportada del libro, y en numerosos artículos y críticas literarias, había leído que a McCarthy se le consideraba un discípulo aventajado de Melville y Faulkner. Sin embargo, al leer al ganador del Pulitzer del 2007, comprobé que no llegaba ni por asomo a la categoría que se le atribuía. El libro era idéntico a la película, parecía escrito como un guión del que no hacía falta hacer ninguna interpretación, o mejor dicho, la película era una mera trascripción del libro, sin que hubiera hecho falta ninguna adaptación cinematográfica. Pero lo peor no era eso. El tiempo poético de las novelas de Faulkner, no había dejado ni siquiera una leve pausa en la novela de McCarthy. Sus personajes, como la mayoría de los personajes del cine americano actual, no saben lo que es un diálogo, algo que los grandes autores americanos, como Faulkner, Melville o Steinbeck, por nombrar unos pocos, verdaderos herederos de los grandes clásicos universales, sí conocieron.
El pasado sábado, la revista Babelia que publica El País hizo una selección de los mejores libros publicados durante el 2008. Para mi sorpresa no había ningún gran libro en esa lista. Me pregunté sobresaltado ¿Acaso este año no se ha publicado ningún gran libro? Pero, pensé más sosegadamente, ¿Por qué debería creerles ahora cuando en tantas otras ocasiones habían pretendido engañarme? La reciente selección de los mejores poetas de habla castellana era una clara muestra de ello: habían dejado fuera de ella a verdaderos grandes poetas como Dámaso Alonso, Germán Pardo García, Leopoldo de Luis…
Harold Bloom, autor del canon de los mejores libros que hace unos cuantos años causó un escándalo al dejar por fuera a la gran mayoría de autores de lengua castellana, es también aquel que compara a McCarthy con Faulkner y Melville. Crítico literario y rey midas de las grandes editoriales, como los críticos de Babelia, sólo recomienda a sus amigos, es decir, al consorcio de las editoriales que forman una poderosísima red. Todo ello salpicado con uno o dos nombres de pequeñas editoriales, que pronto pasarán a formar parte del entramado que controla la cultura impresa de este país.
Pero, en realidad, ¿qué significa que un libro sea grande? ¿El volumen de ventas? ¿Su promoción descarada en revistas, periódicos, grandes almacenes e incluso telediarios? No lo creo. Un gran libro sólo se puede escribir. Y no hay libro que se convierta en grande si antes su autor no lo ha escrito con grandeza. Porque un gran libro es aquel que transforma a quien lo lee. Un gran libro es aquel que forma parte de la experiencia vital de quien, después de leerlo, lo incorpora a su propia lengua cotidiana. Un gran libro, en definitiva, como diría Whitman y Pavese, es aquel que lleva dentro un hombre, esto es, que contiene un pensamiento. Esos libros, estoy de acuerdo, no abundan en el mercado.
Sin embargo, uno de esos libros fue excepcionalmente publicado durante este año. Se trata de Aforismos y Decires. 1958-2008 del poeta y psicoanalista Miguel Oscar Menassa. Un libro, publicado en octubre pasado por la Editorial Grupo Cero, que cualquier amante de la literatura, de la poesía, de la creación y del Pensamiento, con mayúsculas, debería considerar indispensable.
A la altura de Goethe, Lichtenberg o Voltaire, Menassa nos transmite en breves y certeras sentencias la esencia destilada de su pensamiento, construido a través de medio siglo de escritura. Un libro realmente grande.

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2 thoughts on “Grandes libros del año

  1. Cruz dice:

    Gracias Ruy por tu artículo en el que nombras varios escritores para ir a leer y discriminas, con claridad, literatura de literatinaje.

  2. Pilar García Puerta dice:

    Hola, Ruy

    Me gustan tus artículos, ya te dejé por allí un comentario a cerca de lo que publicaste de Ezra Pound. Como dicen en La Escuela, hay que saber sumar, y tu manera de contarnos lo que lees, tiene tu sello personal, o cómo dices, algo se ha transformado, por lo que incita a la búsqueda.

    Rescato esta frase cansada como estoy de una cultura que excluye el “para quién”: “Un gran libro, en definitiva, como diría Whitman y Pavese, es aquel que lleva dentro un hombre, esto es, que contiene un pensamiento.”

    Un abrazo y feliz noche.

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