Germán Pardo García en Las 2001 Noches

Colombia, 1909

AGRESIÓN DE LOS METALES

Contra el desierto espíritu del hombre
se alzan los metales agresivos.

Estaban como cíclopes enormes
sepultos en los claustros de las minas,
soportando el volumen de la tierra
y la concavidad de la penumbra.
Eran la fragua súbdita del fuego
y el zócalo central de la potencia.
En las grietas volcánicas del mundo,
hendido por violentas claraboyas
y heridas de telúricas batallas,
sentíase latir el movimiento
de su confusa longitud esclava.
Mirábanse sus hombros oprimidos
bajo el peso de sales y de rocas,
y el sólido contacto de sus vértebras
enlazadas por nudos geológicos.
Y ciegos o con ojos entre brumas
de perpendiculares socavones,
se agitaban debajo de los siglos
y al fragor de los grandes terremotos,
como torpes criaturas subterráneas
en busca de la vida vertical.

*******************************

EL hombre descendió hasta sus clausuras
a remover basálticos olvidos.
Los sacó de las últimas cisternas
para darles su misma semejanza.
Quiso lavar de sus arterias ocres
el polvo de los pétreos catafalcos
y de las vegetales ligaduras,
para que se mostraran con la fuerza
de las transformaciones primitivas;
con el silencio del abismo abstracto
en la virginidad de las miradas;
el azoro del ser que se descubre
desnudo en el temblor de la inocencia,
y la vitalidad de las estirpes
que suben desde el fondo de las formas
al clima de una nueva creación.

Y aparecieron en la superficie
con su rudimentaria arquitectura
de bloques equiláteros y masas
que la armonía mineral esculpe.
Surgidos de los cúmulos acuáticos,
manaban de sus filtros arteriales
los zumos de las capas cenagosas.
Con túnica de légamos y riscos,
parecían oscuros caminantes
que vuelven de caóticos desiertos.
Despertaban de sueños sin figuras
soñados en glaciales laberintos,
y de sus cuarteaduras inorgánicas
punta de móvil claridad salía,
como tallo de luz en las paredes
del cuarzo protector de la esmeralda,
todavía cubierta con la sombra
de las encarnaciones al brotar.

*******************************

TODO el color de la existencia activa
iluminaba sus nocturnos poros.
El azul de las aguas temporales
que el frío acendra en taumaturgos lagos.
Y otro azul diferente que no existe
y a la distancia las pupilas toca
sin mostrarse jamás, como el misterio
que defiende los ámbitos del Sol.

Las 2001 Noches, Nº 42

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