Grandes poetas contra la guerra

INVOCACIÓN AL GORILA

Con los golpes que das en tu esternón
-telégrafo nocturno de la selva-
anuncias, cromañónida violento,
que tu ángulo frontal está acercándose
a la concentración del raciocinio.
¿Cuándo te rezagaste entre las hojas
del Libro de la Vida y permitiste
que lentamente el hombre te ganara
las claves del profundo pensamiento?
Sufres porque no entiendes tu derrota
y trepas a la cima de los árboles,
a ver el mundo en donde aún ocupas
el sitio miserable de las fieras.
Gimes con el fragor del segregado
y allá en tus cuencas oculares fulge
la hoguera de un ocaso antropomorfo.
Te canto pues me abruma tu tristeza
de mano primitiva que no escribe,
tu lengua vegetal que sólo ruge
y el peso de tus hombros que toleran
la furia de las órbitas salvajes.
Hermano mío de velludas tetas,
glándulas firmes y macizo pene,
imitador brutal de mis pasiones
y odiándome hasta el fondo de tu angustia:
no me hieras si intento consolarte.
Piensa un segundo y mírame a tu lado
padecer por tu lúgubre ignorancia.
No estrangules mi espíritu que ansía
trasladarte al imperio de los hombres.

Germán Pardo García en Las 2001 Noches

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