“Canto a la fuerza sindical” (VII – final) de Germán Pardo García

Franz Kline, Orange Outline. 1955

Franz Kline, Orange Outline. 1955


VII

COMPAÑEROS de lucha: este canto a vuestra fuerza sindical lo concluyo
convocando desde los más sombríos sótanos mineros a la muerte,
porque jamás seréis los constructores obreros de la vida
si ignoráis cómo trabajan los profundos mecanismos de la muerte.
En esas trincheras hondas con deformes figuras talladas en las rocas
por el desgaste persistente de los siglos
hasta esculpir cabezas que de pronto
suplican: “Dadnos rostros humanos, concluidos”.
En esas naves lóbregas donde las invocaciones así comienzan:
“En el nombre del Trabajo partimos estas rocas
y por él nuestra sangre y nuestro espíritu entregamos”,
allá quisiera humildemente prosternarme
con la veracidad de aquellos seres
que pasaron por la tierra desnudos o cubiertos con pieles de leones,
a ofrecer mis tributos integrales
a esta grandeza sindical que canto
no sólo en su evidencia entre los árboles,
los talleres, océanos y minas,
sino en mí porque mi cuerpo de trabajador nocturno
envuelto en una túnica de llamas
y signando con espinas de luceros el papel para escribirle
su sangre de cristal a la Hermosura,
ese cuerpo también está nutriéndose
de vetas, yacimientos y de minas;
de peces que emocionan con sus branquias
los morados silencios de que vivo;
de hormigas que me traen los acentos
sonámbulos caídos en la arena;
de cóndores idólatras que atizan
en mis sienes la claridad que necesito;
de caballos dementes que me dan el creador estrépito;
de confederaciones celulares, cual vosotros,
y alianzas con los óxidos de la sal, y servidumbres
de mi alma escorando hacia el olvido.

Germán Pardo García
Las 2001 Noches nº 46

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“La Isla” de Cesare Pavese en Las 2001 Noches

LA ISLA

Todos saben que el naúfrago Odiseo, durante su viaje de regreso, permaneció nueve años en la isla Ogigia, donde sólo vivía Calipso, antigua diosa.

(Hablan Calipso y Odiseo.)

Calipso: Odiseo, no existe nada muy diferente. También tú, igual que yo, quieres detenerte en una isla. Has visto y has padecido todas las cosas. Quizás un día te diré lo que yo he padecido. Ambos estamos cansados de un gran destino. ¿Para qué continuar? ¿Qué te importa que la isla no sea la que buscabas? Aquí ya nada acontece. Hay un poco de tierra y un horizonte. Aquí puedes vivir para siempre.

Odiseo: Una vida inmortal.

Calipso: Inmortal es quien acepta el instante. Quien no conoce ya un mañana. Pero si te gusta la palabra, dila. ¿Llegaste en verdad a ese extremo?

Odiseo: Yo consideraba inmortal al que no teme a la muerte.

Calipso: El que no espera vivir. En verdad, casi lo eres. También tú has padecido mucho. Pero ¿por qué esta obsesión de volver a tu casa? Todavía estás inquieto. ¿Por qué vas diciendo discursos, solo, entre los acantilados?

Odiseo: Si mañana partiera, ¿serías tú infeliz?

Calipso: Quieres saber demasiado, querido. Digamos que soy inmortal. Pero si no renuncias a tus recuerdos y a tus sueños, si no depones tu obsesion y no aceptas el horizonte, no podrás escapar de ese destino que conoces.

Odiseo. Se trata siempre de aceptar un horizonte. ¿Para obtener qué?

Calipso. Para reposar la cabeza y callar, Odiseo. ¿Te has preguntado por qué también nosotros buscamos el sueño? ¿Te has preguntado adónde van los viejos dioses ignorados por el mundo? ¿Por qué se hunden en el tiempo, como la piedra en la tierra, ellos, que sin embargo son eternos? Y yo, ¿quién soy, quién es Calipso?

Odiseo. Te pregunté si eres feliz.

Calipso. No es eso, Odiseo. El aire, también el aire de esta isla desierta, que ahora sólo vibra por el estruendo del mar y por los chillidos de los pájaros, está demasiado vacío. Nada hay que añorar en este vacío, recuérdalo. ¿Pero no sientes también ciertos días un silencio, una pausa que es como la huella de una antigua tensión y de una presencia desaparecidas?

Odiseo. ¿Entonces tú también le hablas a los acantilados?

Calipso. Es un silencio, te digo. Una cosa remota y casi muerta. Lo que ha sido y ya no volverá a ser. En el viejo mundo de los dioses, cuando un gesto mío era destino. Tuve nombres vaporosos, Odiseo. La tierra y el mar me obedecían. Luego me cansé; pasó cierto tiempo, no quise moverme más. Alguna de nosotras resistió a los dioses nuevos; yo dejé que los nombres se hundieran en el tiempo; todo cambió y permaneció igual; no valía la pena disputarle a los nuevos el destino. Ya sabía mi ho-rizonte y sabía también por qué los viejos no quisieron disputar con nosotros.

Odiseo: ¿Pero no eras inmortal?

Calipso: Y lo soy, Odiseo. No espero morir. Y no espero vivir. Acepto el instante. A vosotros, los mortales, os espera algo parecido, la vejez y la añoranza. ¿Por qué no quieres, como yo, reclinar la cabeza en esta isla?

Cesare Pavese
Diálogos con Leucó

Las 2001 Noches Nº 106
(Continuará…)

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40 años de la llegada del hombre a la luna

COSMONAUTA
(Estracto)
Cosmonauta al partir

No entre una cápsula metálica
ni con hermético antifaz
voy a partir. La hora cero
no escucho impávido estallar.
No soy el mostruo del espacio,
que aterroriza al caminar
con su ropaje incombustible
y su perfil de gavilán.
Pero hace siglos y milenios
que sometí la gravedad,
y mis pulmones en el cosmos
pueden con fuerza respirar.

¡Adiós, oh Tierra desgarrada!
¡No me pudiste fascinar
ni con tus ríos ni tus montes,
porque mi corazón ansía más!

No soy Gagarin, el intrépido,
ni el rudo Glenn intemporal.
Soy el poeta que se lanza
contra el Abismo, y más allá.

¡El verdadero cosmonauta!
El visionario que jamás
se ha doblegado ni un segundo
sobre sí mismo a descansar.

¡Tengo más ira que vosotros,
seres mecánicos que váis
acorazados y con válvulas,
y entre paredes de metal!

He derrotado los teoremas
y soy el rostro de Pascal
enloquecido por los astros.
¡Soy el Vidente Innumeral!
¡El Matemático Divino!
¡El Pitagórico estelar!

Germán Pardo García

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