NOTA SOBRE LA CHARLA-COLOQUIO “LOS SUEÑOS SON UNA REALIZACIÓN DE DESEOS”

Peter Paul Rubens, Boreas Abducting Oreithyia (c. 1620), oil on panel, 140 x 146 cm.

Peter Paul Rubens, Boreas Abducting Oreithyia (c. 1620), oil on panel, 140 x 146 cm.

El sueño es la vía regia para acceder al concepto de inconsciente, que es el gran descubrimiento de Freud. Para hablar de este descubrimiento, Freud utiliza los sueños como medio expositivo, porque soñar soñamos todos. Si hubiera usado los síntomas (hablando de las fobias, obsesiones, parálisis histéricas, etc.) habrían rechazado su descubrimiento, alegando que se trataba de personas enfermas, de neuróticos. En cambio, los sueños son una producción del inconsciente que todos, sanos y enfermos, experimentamos cotidianamente.

Lo que Freud descubre es el mecanismo de funcionamiento del aparato psíquico. Afirma que los mecanismos que funcionan en la producción de los síntomas son los mismos mecanismos que funcionan en la producción de los sueños. Por eso no debemos creer que Freud está particularmente interesado en los sueños o en los síntomas. En lo que Freud está interesado es en el aparato psíquico: en la máquina de soñar, no en los sueños.

Cuando leemos el título de “La interpretación de los sueños”, normalmente hacemos hincapié en los sueños. Pero el acento para Freud está en “La interpretación”, no en los sueños. La interpretación es el método, el método de interpretación-construcción, que es el modo que tenemos de apropiarnos de la realidad psíquica inconsciente.

El método sólo es posible después de haberse producido el objeto de conocimiento, es decir, el concepto de inconsciente. Una vez establecido que el objeto de conocimiento del psicoanálisis es lo psíquico inconsciente, se pudo desarrollar un método capaz de apropiarse de él. Un método acorde con sus particularidades, con sus maneras de producirse.

Freud revoluciona la idea de enfermedad y de salud, porque demuestra que en ambas están en juego los mismos mecanismos, las mismas leyes de producción. Antes se creía que una persona que padecía neurosis obsesiva, o histeria o psicosis sufría una especie de degeneración psíquica, de deterioro de las facultades mentales. El psicoanálisis vino a demostrar que no hay degeneración del aparato, porque el mecanismo no deja de funcionar, no está roto ni estropeado durante la enfermedad. Lo que sucede en las afecciones neuróticas es que el mecanismo ha entrado en un bucle del que no puede salir, es una exageración, algo que se repite, una fijación en un punto, pero no un deterioro. Esto es lo que permite que cuando un paciente se cura, pueda haber recuperación ad integrum.

Con la interpretación de los sueños, sucede algo parecido a lo que sucede a la psicopatología de la vida cotidiana, en donde Freud habla de los actos fallidos, de los olvidos de los nombres propios y de los actos sintomáticos. Se trata de asuntos sin ninguna categoría científica relevante. Son fenómenos insignificantes que nadie antes había intentado explicar científicamente. Ocuparse de los sueños estaba muy mal visto en un hombre de ciencia, porque todo lo que tenga que ver con ellos sigue rodeado por un halo de superstición y de misticismo. A lo más que llegaban era a decir que se trataba de fenómenos psíquicos motivados por alteraciones físicas. Los sueños no serían un acto psíquico sino la expresión en la vida anímica de excitaciones somáticas. Una antigua comparación asimila los sueños a los sonidos que produce alguien profano en música recorriendo con sus dedos el teclado de un piano.

Pero en los sueños, como en los actos fallidos, se cumple la historia del rey que se disfraza de mendigo para visitar y hablar con su pueblo. No debemos despreciar ninguna de las manifestaciones psíquicas, por considerarlas insignificantes y despreciables: lo psíquico se expresa en cada uno de sus detalles, en cada una de sus manifestaciones. Esto que tenemos que esforzarnos en recordar como investigadores y científicos, jamás lo olvidamos en la vida cotidiana. Cuando alguien querido se olvida de nuestro cumpleaños o de una fecha especial para nosotros, sabemos darle a tal olvido un significado certero. Cuando nuestra pareja nos llama con el nombre de un antiguo amor, no lo disculpamos alegando un error accidental por cansancio o distracción.

Hay cosas de gran importancia que sólo pueden manifestarse por muy pequeños indicios. Pero con los sueños ocurre además que no hay ninguna garantía para saber con exactitud qué ha sido realmente lo que se ha soñado. No podemos meternos dentro de la cabeza del soñante y ver qué ha soñado. Y tampoco podemos fiarnos de su relato del sueño, porque el soñante duda, se contradice y frecuentemente agrega nuevos detalles a su relato. ¿Cómo construir entonces sobre este terreno incierto un conocimiento científico? Un objeto tan difícil de definir impide que sobre él se pueda afirmar algo con certeza.

Freud plantea un nuevo nivel de objetividad. Sostiene: no se trata del objeto soñado, sino del relato del sueño. No se trata de lo que ha vivido o dejado de vivir el paciente, sino de lo que dice acerca de lo que ha vivido o dejado de vivir. El psicoanálisis se ocupa del relato del sueño, haciendo abstracción de todo aquello que el soñante haya olvidado o deformado por el recuerdo.

En este sentido, el psicoanálisis nos lleva a distinguir entre realidad objetiva y realidad psíquica. Cuando decimos “el sueño es como una realización de deseos”, estamos diciendo que es algo parecido a una realización pero que en realidad no es una realización, porque no se trata de que se realice en la realidad objetiva o física, sino que se realiza en la realidad psíquica. En el “como” Freud propone la existencia de una realidad psíquica. Esta realidad psíquica es un escenario del que el sujeto no tiene noticia, porque es completamente inconsciente. Es por eso que decimos que se trata del campo de un saber no sabido por el sujeto. Sabe y no sabe de su existencia.

¿Cómo lleva a cabo el sueño la realización de un deseo? En primer lugar, alterando el tiempo de los verbos, transformando el subjuntivo “pienso dar una fiesta” por el presente indicativo “doy una fiesta”. El deseo siempre se realiza en presente. El presente es el tiempo en el que el deseo se presenta como realizado.

Mientras que para el pensamiento científico es un absurdo hablar del sentido de los sueños, el pensamiento popular conserva la antigua convicción de que los sueños tienen un sentido que tiene que ver con el soñante, con aquel que sueña. No se trata de revelaciones místicas o metafísicas acerca del porvenir, sino de un fenómeno que tiene que ver con el que sueña. Esto ya lo sabían incluso los griegos.

El lenguaje común parece haber sospechado siempre que el principal carácter de los sueños consiste en la realización de deseos.

Todos conocemos los proverbios: “El cerdo sueña con bellotas y el ganso con el maíz” o “¿Con qué sueña la gallina? Con los granos de trigo”. Son muchas las expresiones que implican ese sentido: “bello como un sueño”, “yo no hubiera soñado jamás cosa semejante”, o “es una cosa que ni siquiera en sueños se me hubiera ocurrido”.

Aunque hablamos de “malos sueños”, el sueño por antonomasia es el que produce la dulce satisfacción de un deseo. No hay proverbio alguno que diga que el puerco o el ganso sueñan con el matarife.

Existe un grupo de sueños no deformados que, al igual que los infantiles, se muestran como realizaciones de deseos. Son los sueños provocados por imperiosas necesidades orgánicas, tales como el hambre, la sed y la necesidad sexual, y que constituyen realizaciones de deseos correspondientes a excitaciones internas.

Quienes beben y cenan demasiado, sienten durante la noche una intensa sensación de sed y sueñan que beben copiosamente. Desde el punto de vista práctico el servicio del sueño es insignificante, pues al despertarnos tenemos que beber. Pero su misión es la de mantener el reposo contra las excitaciones que llevan al sujeto a despertar.

En realidad, todos los sueños son sueños infantiles, pues todos laboran con materiales infantiles y mecanismos del mismo género.

Los deseos de los sueños deformados son deseos prohibidos y reprimidos por la censura, deseos cuya existencia constituye la causa de la deformación onírica.

Pero no se puede buscar la realización de deseos en un sueño sin antes haberlo interpretado. Los sueños tienen sentido sólo después de ser interpretados.

Se dice: “Si el sueño es una realización de deseos, no debiera provocar sensaciones penosas.”

La explicación está en que las pesadillas muestran con frecuencia un contenido exento de toda deformación, esto es, un contenido que ha escapado a la censura. Muchas veces es una realización no encubierta de un deseo. Un deseo que, lejos de ser bien acogido por nosotros, es rechazado y reprimido. La angustia que acompaña la realización toma el lugar de la censura.

Del sueño infantil podemos decir que es la abierta realización de un deseo admitido, mientras que el sueño ordinario es la realización encubierta de un deseo reprimido.

La censura obliga a deformar la representación del deseo reprimido, pero cuando no lo consigue, como último recurso, pone fin al reposo mediante la angustia.

Ruy J. Henríquez Garrido

psicoanalista

618596582

ruyhenriquez@hotmail.com

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