LA VIDA SENCILLA

Richard Diebenkorn's "Woman on a Porch," 1958, oil on canvas. (The Richard Diebenkorn Foundation)

Richard Diebenkorn’s “Woman on a Porch,” 1958, oil on canvas. (The Richard Diebenkorn Foundation)

Llamar al pan el pan y que aparezca

sobre el mantel el pan de cada día;

darle al sudor lo suyo y darle al sueño

y al breve paraíso y al infierno

y al cuerpo y al minuto lo que piden;

reír como el mar ríe, el viento ríe,

sin que la risa suene a vidrios rotos;

beber y en la embriaguez asir la vida,

bailar el baile sin perder el paso,

tocar la mano de un desconocido

en un día de piedra y agonía

y que esa mano tenga la firmeza

que no tuvo la mano del amigo;

probar la soledad sin que el vinagre

haga torcer mi boca, ni repita

mis muecas el espejo, ni el silencio

se erice con los dientes que rechinan:

estas cuatro paredes -papel, yeso,

alfombra rala y foco amarillento-

no son aún el prometido infierno;

que no me duela más aquel deseo,

helado por el miedo, llaga fría,

quemadura de labios no besados:

el agua clara nunca se detiene

y hay frutas que se caen de maduras;

saber partir el pan y repartirlo,

el pan de una verdad común a todos,

verdad de pan que a todos nos sustenta,

por cuya levadura soy un hombre,

un semejante entre mis semejantes;

pelear por la vida de los vivos,

dar la vida a los vivos, a la vida,

y enterrar a los muertos y olvidarlos

como la tierra los olvida: en frutos…

Y que a la hora de mi muerte logre

morir como los hombres y me alcance

el perdón y la vida perdurable

del polvo, de los frutos y del polvo.

 

Octavio Paz
Puerta condenada
1938-1946

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LA TERNURA

Gerhard-Richter-Zwei-Liebespaare

Gerhard Richter, Zwei Liebespaare (Two Couples) 1966, 115 cm x 160 cm, Oil on canvas

Era algo tan encantador hablar de los pechos y el pubis de una mujer con el mismo tono con que se narran los cuentos infantiles; y es que Jaromil vivía en el país de la ternura y ése es el país de la niñez artificial. Decimos artificial porque la niñez real no es ningún paraíso ni está llena de ternura precisamente.

La ternura nace en el momento en que el hombre es escupido hacia el umbral de la madurez y se da cuenta, angustiado, de las ventajas de la infancia que, como niño, no comprendía.

La ternura es el miedo que nos inspira la edad adulta.

La ternura es un intento de crear un ámbito artificial en el que pueda tener validez el compromiso de comportarnos con nuestro prójimo como si fuera un niño.

La ternura es el miedo que nos inspira la edad adulta, el amor, es un intento de sustraer al amor del reino de la madurez (en donde es algo serio, lleno de responsabilidad y de cuerpo) y considerar a la mujer como una niña.

Milan Kundera
La vida está en otra parte

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