BAJO LA MÁSCARA DE LA IDENTIDAD

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Xevi Sola Serra

Nadie me conoció bajo la máscara de la identidad ni supo nunca que era una máscara, porque nadie sabía que en este mundo hay enmascarados. Nadie supuso que junto a mí estuviera otro que, al fin, era yo. Siempre me juzgaron idéntico a mí.

Vivimos todos lejanos y anónimos; y disfrazados sufrimos, desconocidos. Para unos esta distancia entre un ser y ellos mismos jamás se revela; para otros resulta de cuando en cuando iluminada, con horror o dolor, por un relámpago sin límites; para algunos ésta es la penosa constancia y cotidianidad de la vida.

Saber bien que quienes somos no nos atañe, que lo que pensamos o sentimos es siempre una traducción […], saber todo eso a cada minuto, sentir todo eso en cada sentimiento, ¿no será ser extranjero en la propia alma, exiliado en las propias sensaciones?

Fernando Pessoa

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EL CANTO DE LA TINIEBLA

Gustave Courbet: "Sunset over Lake Leman", 1874. Oil on canvas

Gustave Courbet: “Sunset over Lake Leman”, 1874. Oil on canvas

La luz del crepúsculo declina:
Inquietos espíritus: ¡sea dulce la tiniebla
Al corazón que ha dejado de amar!
Escucharemos las fuentes, las fuentes
Que saben, las fuentes que saben,
Las fuentes que saben que están,
Que los espíritus están escuchando…
Escucha: la luz del crepúsculo declina
Y a los inquietos espíritus es dulce la tiniebla;
Escucha: te ha vencido la Suerte:
Pero otra vida está a las puertas para los corazones leves:
No hay dulzura que pueda igualar a la Muerte.
Más Más Más
Oye la voz que te acuna,
Oye la dulce muchacha
Que dice al oído: Más Más.
Y aquí se alza y se pierde
El viento: aquí vuelve del mar
¡Y aquí sentimos jadear
El corazón que más nos amó!
Miremos: ya el paisaje
De árboles y de aguas es nocturno,
El río va pasando taciturno…
¡Pum! ¡Madre, ese hombre allá arriba!

Dino Campana

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ALTOS NOCTURNOS

"Mi agonía buscaba su traje" ("Vengeful Sister" de David Heath), R. Henríquez, óleo sobre tablilla entelada, 22 x 16 cm

“Mi agonía buscaba su traje” (“Vengeful Sister” de David Heath), R. Henríquez, óleo sobre tablilla entelada, 22 x 16 cm

Hay algo en las penumbras, algo sin voz que intenta
salir de sus abismos sin corazón y hablar.
No es el hombre. En el cuerpo del hombre hay un sonido.
Su voz se escucha siempre desde el silencio hablar.
No es el viento. En los rostros del viento hay un sonido.
Su voz se escucha siempre desde el silencio hablar.
Es algo que no tiene como el hombre sonido.
Algo terrible intenta desde la sombra hablar.
Algo que está más solo que el hombre y no ha podido
desde sus soledades sin corazón hablar.
Se siente el sordo empuje de irresistible fuerza.
De algo que no ha podido desde la sombra hablar.

Germán Pardo García
Los sueños corpóreos, 1947

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