LA LABOR PSICOANALÍTICA

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Neo Rauch, Das Gut, 2008

La labor psicoanalítica se plantea siempre la tarea de mover al paciente a renunciar a un placer próximo e inmediato. No es que haya de renunciar en general al placer; ello es cosa de la que difícilmente puede creerse capaz a un hombre, y hasta la religión tiene que basar sus exigencias al renunciar al placer terrenal en la promesa de otorgar a cambio una medida infinitamente mayor de placer en el más allá. No; el enfermo ha de renunciar tan sólo a aquellas satisfacciones a las que sigue, indefectiblemente, un daño; no ha de hacer más que someterse a una privación temporal, aprender a trocar el placer inmediato por otro más seguro, aunque más lejano. O dicho de otro modo: debe llevar a cabo, bajo la dirección del médico, aquel avance desde el principio del placer al principio de la realidad, que diferencia al hombre maduro del niño. En esta obra educativa, el mejor conocimiento del médico apenas desempeña un papel decisivo; no puede decir, por lo general, el enfermo nada distinto de lo que al mismo puede dictarle su propio entendimiento. Pero no nos es igual saber algo por nosotros mismos que oírselo decir por otro; el médico desempeña el papel de este otro sujeto eficiente y se sirve de la influencia que un hombre ejerce sobre los demás. Recordaremos también que en el psicoanálisis es cosa habitual sustituir lo originario y radical a lo derivado y mitigado, y diremos, en consecuencia, que el médico se sirve en su obra educativa de un componente cualquiera del amor. No hace, probablemente, más que repetir en tal educación ulterior el proceso que hizo posible, en general, la primera educación. Junto a la necesidad, es el amor el gran educador, y el hombre en vías de formación es movido por el amor de los que le rodean a acatar los mandamientos de la necesidad, ahorrándose así los castigos que su infracción acarrea.

Sigmund Freud
Varios tipos de caracter descubiertos en la labor analítica, 1916

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AMOR Y ODIO. LA AMBIVALENCIA DE LOS SENTIMIENTOS. CHARLA COLOQUIO. SÁBADO 24 DE JUNIO 2017, 11:30 H.

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SOBRE CIENCIA Y RELIGIÓN

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László Moholy-Nagy: Celos, 1927

¿Por qué al hablar de ciencia, algunas veces, parece que estamos hablando de religión? En ciencia no son válidos los argumentos de autoridad (“te lo aseguro”, “yo te lo digo”, “es muy interesante”).

Hablar de ciencia es como contar un chiste. No puedes hacer reír a nadie diciéndole simplemente que algo es muy chistoso. ¡Tienes que hacerlo reír!

Esto es algo que sucede también en el arte o en la poesía. No puedo decir solamente ¡Es bello! ¡Es poético! y esperar que mi interlocutor esté de acuerdo conmigo. Tengo que hacer que la belleza o la poesía resplandezcan.

Con la ciencia ocurre igual. No puedo decir: “la ciencia es genial y muy interesante”. Tienes que hacerla brillar ante los ojos de quien te está escuchando, con las propias leyes de la ciencia. Y el mejor escenario para hacerlo eres tú mismo.

Ruy J. Henríquez Garrido
Psicoanalista

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LA DEGRADACIÓN DE LA VIDA AMOROSA. CHARLA COLOQUIO. SÁBADO 3 DE JUNIO 2017, 11:30 H.

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EL OSO POLAR Y LA BALLENA NO PUEDEN HACER LA GUERRA

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Daniel Pitin: The Birds, 2004

Se ha dicho que el oso polar y la ballena no pueden hacer la guerra porque, hallándose confinados cada uno en su elemento, les es imposible aproximarse. Pues bien: idénticamente imposible me es a mí discutir con aquellos psicólogos y neurólogos que no reconocen las premisas del psicoanálisis y consideran artificiosos sus resultados. En cambio, se ha desarrollado en los últimos años una oposición por parte de otros investigadores, que, por lo menos a su propio juicio, permanecen dentro del terreno del análisis y que no niegan su técnica ni sus resultados, pero se creen con derecho a deducir del mismo material conclusiones distintas y someterlo a distintas interpretaciones.

Ahora bien: la contradicción teórica es casi siempre infructuosa. En cuanto empezamos a alejarnos del material básico corremos peligro de emborracharnos con nuestras propias afirmaciones y acabar defendiendo opiniones que toda observación hubiera demostrado errónea. Me parece, pues, mucho más adecuado combatir las teorías divergentes contrastándolas con casos y problemas concretos.

Sigmun Freud
Historia de una neurosis infantil (Caso del “Hombre de los lobos”)
1914 [1918]

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ELEGÍA DE LAS PALABRAS

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Wilhelm Sasnal, Untitled (Mountain)

Nos siguen voces mustias,

inconexas, lejanas,

del color de los cirios

sin la flor de la llama.

Ocultamente viven

en la tez escarlata

de los labios aéreos,

inmóviles como alas

de lentas mariposas.

De pronto se abren rápidas,

para cerrarse en climas

de misteriosa calma.

 

Vuelven a abrirse súbitas,

y son como parásitas

de selvas guturales,

audífonas y mágicas.

Y vuelven a cerrarse

sumisas; y traspasan

labidental orilla

de nieves y de granas.

Se alejan de los tímpanos,

envueltas en las gasas

de acentos y de músicas

y espíritus que vagan.

Sedientas de silencio,

perforan las murallas;

se van como espirales;

se desintegran, pasan

girando en las elípticas;

se tiñen de invioladas

auroras superiores;

sus números enlazan

con todo lo absoluto

de cifras y distancias.

 

Tal vez alumbran solas

por siglos, como brasas

de estrellas abolidas,

o púrpuras precarias,

hasta que al fin sintiéndose

remotas, inhumanas,

recuerdan longitudes,

descienden y reclaman

calor para su hielo;

raíz para su savia;

salud para el estrago

que albergan enigmáticas.

Y asedian los oídos,

insisten y taladran;

circulan como vientos;

aturden como ráfagas;

y oscuras y furtivas

y agónicas, se abrazan

a las dormidas lenguas,

y nuestros labios hablan

sin saberlo, un idioma

de vidas apagadas;

de abecedarios grises

y exangües consonancias;

de muertos que regresan,

de sombras y de nada.

 

Germán Pardo García
Los sueños corpóreos, 1947

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UN NECIO Y UN SABIO NO VEN EL MISMO ÁRBOL

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Michäel Borremans, The Pupils, 2001. 70×60 cm, oil on canvas

 

Vemos y oímos mejor –en el sentido de que vemos más completa e interesantemente– cuanto más amplia e informada sea la inteligencia que hay detrás de nuestro ver y oír. Por eso dijo Blake con toda razón: “Un necio y un sabio no ven el mismo árbol”.

[…] Un poeta que sepa lo que son las coordenadas de Gauss tiene más probabilidad de escribir un buen soneto de amor que un poeta que no lo sepa. Un poeta que se ha tomado el trabajo de interesarse por una abstrusión matemática tiene en sí el instinto de la curiosidad intelectual, y quien tiene en sí el instinto de la curiosidad intelectual ha de haber recogido, en el curso de su experiencia de la vida, pormenores del amor y del sentimiento superiores a los que podría haber recogido aquel que no es capaz de interesarse más que por el curso normal de la vida que le afecta: el pesebre del oficio y la reata de la sumisión. Uno está más vivo que el otro, al menos como poeta; de ahí la relación sutil entre las coordenadas de Gauss y la Amarilis de turno.

Fernando Pessoa

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