LA MUJER, DE LA POSICIÓN DE OBJETO A LA POSICIÓN DE SUJETO

Knife and Tomato, Richard Diebenkorn

Knife and Tomato, Richard Diebenkorn
“Desde el psicoanálisis sabemos que es más fácil abandonar a los padres que abandonar los modelos ideológicos por ellos impartidos, y también sabemos que estamos más cerca de lo inanimado que de lo animal, que somos más mortales que ancestrales.”

SER VIEJO COMO SER RICO, LE DIJE

 

Ser viejo como ser rico, le dije,
es una propuesta de la mente.
Y ella contenta me preguntó:
¿Acaso no habremos de morir
si escribimos y hablamos?

También ha de morir el hombre
que al escribir rompe los bordes del abismo
y algo habrá de enfermar el hombre que, al hablar,
pretenda entregarse a las palabras, ser de la voz
pero enfermar y morir para ese hombre
serán, también, sólo palabras.

Después estaba todo el día con hombres y mujeres
pero no eran amantes, eran misterios,
dramas insondables dominados por el odio,
la envidia, el menosprecio o, bien, el desamor.
Están cerca de mí pero dar el próximo paso
los sume en el delirio del amor, los agota.

Y después están los hombres las mujeres
que no necesitan de mí ni el pan ni la caricia
están ahí sólo para entorpecer los caminos
del poema, del pensamiento, la distancia
y en esas cosas del amor prefieren no saber
que el polvo aquél no era un regalo a nadie,
el polvo al que se vio obligado era su deseo.

¿Y tú qué opinas? le dije por decir, y
ella me dijo toda la verdad:
Cuando estoy supuestamente enamorada,
él piensa enseguida que le pertenezco
y cuando estoy como cansada por la vida,
por el mundo absurdo que nos hacen vivir
él enseguida piensa que yo no le amo.
Y, después, es todavía más ridículo:
cuando yo le sonrío, olvidada del mundo,
él enseguida cree que me ha ganado en algo.

No es que sea fanfarrón, es un ignorante,
nada sabe de mí, ni del tiempo, ni de la mujer.
Cuando lo abandone llorará como un niño,
pedirá perdón, querrá lavar los platos
pero ya será tarde, el mundo no perdona.
Entonces, pobre hombre, será mujer y niño
al mismo tiempo que hombre y nadie lo amará.
Como hombre nadie lo amará
porque su hombre ha renunciado a serlo.
Y tal cual una mujer nadie la amará
por no diferenciar lo grande de lo bueno
y como niño, el pobre, hará cosas de niño
pero será un hombre que sufrirá por serlo.
Inadecuado el canto. Débil la voz.

Lo que amamos es sólo una oscuridad.
HÖLDERLIN

Anímate al dolor que significa ponerle a la carne unas palabras.
Palabras como aceros, palabras como brasas,
altos hornos comiéndose la vida.
Palabras verdaderas, para la carne, palabras como carne.
M.O.MENASSA

La vejez, la libertad, la felicidad, el futuro, no están esperándonos en ningún lugar, sino que hay que hacerlos; no son del orden del ser o del tener sino que son del orden de la producción, de producir su lugar, su función de escrito.

La libertad no se tiene o se deja de tener sino que sólo se es ser humano en libertad.

Nacemos esclavos, sin discurso, sin posición, y tendremos que pagar un rescate para poder vivir en libertad, nacemos deudores de una deuda impagable, de una deuda simbólica que nos constituye como humanos.

Tenemos que pagar por nuestra libertad y paradójicamente tenemos que arreglárnoslas con nuestra condición de deudores.

Somos y estamos estructurados como lenguaje y todo lo hacemos con la estructura del lenguaje, por eso que somos función de escrito y en función de la palabra.

En este poema como en cada uno de los 47 que articulan este libro se muestra la problemática humana pasada por los significantes del psicoanálisis.

Poema que termina en un verso que dice: “Inadecuado el canto. Débil la voz”, donde el canto es del lenguaje y la voz del sujeto, donde se muestra que la posición en el lenguaje marca al sujeto, se trate de la posición en el campo de las ciencias, de las artes, o bien en la historia del amor.

Su voz va a depender de cómo se hace sujeto del lenguaje, y así este poema comienza con una interpretación: “Ser viejo como ser rico, le dije/ es una propuesta de la mente”, va a depender de su posición psíquica. El lenguaje es la condición del inconsciente, por eso decimos que el inconsciente se produce, va a depender de las relaciones, de los compromisos, donde hasta la creación comienza en un compromiso.

Pero para ella, poesía o mujer, no es suficiente, ella quiere romper la insoportable belleza de lo humano, esa belleza que surge por su condición de perecedero, de futuro cadáver.

“Y ella contenta me preguntó:/¿Acaso no habremos de morir/ si escribimos y hablamos?”

Él, el psicoanálisis dice que somos tiempo y tenemos que ser equivalentes, es decir semejantes y diferentes y, ella, la poesía, la escritura, dice que el ser humano es tiempo y tiempo es una escritura y por ella somos hablantes.

Cuando él le habla de ser viejo y rico, ella habla de no morir y también dice de escribir y hablar, como si la escritura fuera lo viejo y el habla fuera la riqueza.

Podríamos decir que él y ella son como un hombre y una mujer, pues sabemos que somos hablantes porque somos habitantes del lenguaje y también sabemos que el lenguaje sólo se encuentra en soportes humanos, sólo en aquellos que cuando nacen en el lenguaje se transforman en seres pulsionales, en cuerpos gozantes, porque la pulsión es un saber que no comporta conocimiento.

Y escribir es romper los bordes del abismo, es ampliar el propio campo del lenguaje, puesto que aunque el lenguaje y el ser que habla son distinguibles, los seres que hablan son los trabajadores del campo del lenguaje, y como Lautreamont escribe “la poesía se hace entre todos”, podemos decir que la escritura se hace entre todos. Cuando el hablante escribiendo y con su pulsión hace nacer una nueva función significante, el lenguaje adquiere una nueva función haciendo que el ser que habla quede transformado en otro.

“También ha de morir el hombre/ que al escribir rompe los bordes del abismo/ y algo ha de enfermar el hombre, que al hablar,/ pretende entregarse a las palabras, ser de la voz,/”

Es entregándose a las palabras que se es de la voz.

La palabra es su riqueza y su enfermedad, y es también por medio de ella que enferma y cura sus enfermedades. Función de la palabra que es función del lenguaje y voz que es función de la pulsión del sujeto viviente.

“pero enfermar y morir para ese hombre/ serán, también, sólo palabras.”

Las cosas son consecuencia de las palabras y muerte y enfermedad tuvieron que ser palabras para poder alcanzar al hombre, pues como habitante del lenguaje sólo por el lenguaje le llega el mundo y llega al mundo.

En estos primeros versos del poema se plantea esta cuestión estructural, después se abre la dimensión del sujeto dividido por hablante y dividido por lo real imposible que causa su deseo, un ser doblemente dividido por la pulsión y por el deseo, condenado a no saber que sabe y a no saber que eso comanda su desear.

Por eso que el poema dice: “Después estaba todo el día con hombres y mujeres/ pero no eran amantes, eran misterios,/ dramas insondables dominados por el odio,/ la envidia , el menosprecio o, bien, el desamor.”

Los seres hablantes, los hombres y las mujeres, no son amantes, no son sólo narcisistas o tendentes a agruparse, son misterios, plenos de contradicciones y en constante paradoja, no se pueden encerrar entre opiniones, no soportan la inalterabilidad de las definiciones.

“Están cerca de mí pero dar el próximo paso / los sume en el delirio del amor, los agota”

Podríamos decir que se habla de la transmisión, de tener mayores, y su consecuencia: tener menores, de producir una anterioridad lógica y también de la manera de no llegar a tomar posición.

“Y después están los hombres y mujeres
que no necesitan de mí ni el pan ni la caricia
están ahí sólo para entorpecer los caminos
del poema, del pensamiento, la distancia
y en esas cosas del amor prefieren no saber
que el polvo aquél no era un regalo a nadie,
el polvo al que se vio obligado era su deseo.”

No es que la realidad sea un regalo sino que la relación con la realidad es un complejo proceso: todo lo que me da lo he puesto previamente y lo que no me da lo he rechazado previamente.

Desde el psicoanálisis sabemos que es más fácil abandonar a los padres que abandonar los modelos ideológicos por ellos impartidos, y también sabemos que estamos más cerca de lo inanimado que de lo animal, que somos más mortales que ancestrales.

Reconocer nuestro deseo como inconsciente es reconocernos como mortales.

Podríamos decir que en este texto se plantea la cuestión de la transmisión y la transmisión es del deseo, por eso que si sólo deseamos deseos es necesario que haya previamente alguien que desee.

Perder la inmortalidad que nunca tuvimos, los delirios del amor y la construcción de la deuda simbólica son lugares inevitables en la formación y también pueden ser lugares de detención.

LA MUJER Y YO, un texto que nos implica y nos hace unas veces testigo, otras cómplice y siempre protagonistas, porque nos habla a nosotros y de nosotros mismos. Podríamos decir que es la historia del psicoanálisis de la mujer y por eso también psicoanálisis del hombre, donde toda cuestión humana es pasada por la escritura y el psicoanálisis, un ser humano siempre impelido a transformarse después de la próxima palabra.

Una mujer compleja, donde masculinidad y feminidad son dos construcciones teóricas de contenido incierto, una complejidad humana donde cada problemática se pliega y se despliega con un sujeto en su centro. Puesto que nada hay sin lenguaje y no hay lenguaje sin sujeto.

Decir que ser viejo como ser rico, es una propuesta de la mente, quiere decir que es algo inevitable, que sólo lo puede evitar una problemática psíquica, una problemática de la complejidad del psiquismo humano.

Ella, que es la mujer, la madre, la muerte, la poesía, dice sobre esta cuestión:

“Cuando estoy supuestamente enamorada
él piensa enseguida que le pertenezco
y cuando estoy como cansada por la vida,
por el mundo absurdo que nos hacen vivir
él enseguida piensa que yo no le amo.
Y, después, es todavía más ridículo:
cuando yo le sonrío, olvidada del mundo,
él enseguida cree que me ha ganado en algo.”

Enunciados que denuncian una concepción de las relaciones, basada en una manera de amar que se produce en un momento de la historia del amor, cuando se produce la creación del objeto femenino, pasando dice Freud de la exaltación de la tendencia a la exaltación del objeto que produjo la sublimación del objeto femenino, la Dama. En la sublimación del objeto femenino, la teoría del amor cortés fue decisiva.

Los poetas inventaron el objeto femenino, un objeto modelado por el ser hablante.

Y con la sobrevalorización del objeto llegó su degradación y también la degradación de la vida amorosa, donde la impotencia psíquica impone una separación del amor y el deseo, y a quien se desea no se ama y a quien se ama no se desea.

Un objeto femenino que nace como objeto deseable, por eso que la mujer que Menassa produce en este libro es una mujer que además de objeto deseable también es sujeto deseante, pasando de objeto inhumano a sujeto evanescente y mortal.

La realidad de la constitución del sujeto sólo es transformable cuando se transforma alguno de los significantes primordiales que le constituyen como tal.

Y este libro es la materialidad de esa transformación y es porque hace que el significante mujer sea efecto del discurso analítico, algo que no se conforma con la leve transformación de la rutina del significado, sino que produce un nuevo lugar para la mujer, la de ser un habitante del lenguaje y siempre entre otros.

Acorralada por los significantes que nos humanizan y por eso libre, pues como Lacan escribe: “el ser del humano no sólo no puede comprenderse sin la locura, sino que no sería el ser del humano si no llevara en sí el límite de su libertad” .

Las relaciones de pareja, después de este libro serán otras, no será necesario hacer del amor, siempre contingente, algo del orden de lo necesario, porque la escritura es la base material para dar un paso en el pensamiento, siendo en la poesía donde podemos encontrar las transformaciones significantes, donde podemos encontrar la verdadera historia.

Nadie como un psicoanalista para hablar de los efectos del psicoanálisis sobre hombre y mujer: el amor. Entre el hombre y la mujer está el amor y esta vez el amor no será eterno, aunque permanezca, y no será meta sino que entre cada uno y el amor hay el mundo.

Más allá de la relación de objeto como idealización también está el sujeto dividido por el objeto que causa su deseo, donde ya no hay relación sexual sino encuentro de dos complejas maneras de gozar, de desear.

Ella además de posicionarse como objeto a, podrá posicionarse como sujeto deseante.

Una verdad tras otra verdad, algo que desencadena la cadena, una cadena rota antes de fortalecerse como cadena, palabra rota, nota fuera del alcance de la imagen, porque sólo si avanzamos en la concepción de la mujer, de la sexualidad después del complejo de castración, sólo ahí, en ese vacío de vacíos se abre una puerta, una nueva cadena significante.

El Psicoanálisis es la ciencia del lenguaje habitado por el sujeto, y el lenguaje sólo se transforma por medio de la escritura, luego sólo si se transforma en la escritura esa transformación será posible para los seres hablantes. Si es posible la escritura es posible transformar un modelo ideológico, y como dice Einstein es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. Y prejuicio es todo juicio previo al acto, y del acto sólo sabremos después, sólo sabremos por sus consecuencias.

La revolución de la mujer quiere decir que sólo si cambiamos nuestra concepción de mujer habrá un cambio en la manera de concebir la humanidad. Sólo cuando hayamos cambiado nuestros enunciados habremos cambiado como sujetos de la enunciación.

Un libro que suma a ese objeto inhumano que es la Dama, un sujeto deseante, una mujer gozante, en tanto es porque gozamos que sabemos que somos mortales, situando a la mujer más cerca de lo inanimado, de lo mortal, que de lo animal.

La mujer y el poeta, la mujer y la escritura, como posibilidad de producir transformaciones en la realidad humana.

Psicoanálisis y escritura, como las herramientas necesarias para dar las coordenadas topológicas para comenzar a dar en el pensamiento, nuestros primeros pasos.

A partir de “La mujer y yo” se vislumbra una nueva forma de amor, donde escribir, amar y trabajar, son las condiciones para comenzar a construir una libertad.

Que sea en un poema donde pasa el pensamiento es un mandato social y este poema habla de una mujer y un hombre que nunca alcanzaremos y sin embargo permite que nazca una nueva función significante para el significante mujer que determinará una transformación en las relaciones entre los sujetos.

Ha pasado la interpretación y para Menassa interpretar no es un verso, ni siquiera un acto, es toda una concepción diferente de la humanidad.

Después del poema todo será diferente y eso quiere decir que ha habido función poética.

Saber encarnado, saber escrito y no conocimiento espúreo. El saber es siempre inolvidable, lo que se hizo carne en nosotros nos habita, somos por Ello habitantes del lenguaje.

Es por la poesía, por la función poética, que entramos al reino del lenguaje, por la más inocente de las tareas se entra al más peligroso de los bienes.

Poema que termina con una interpretación para cada uno:

“No es que sea un fanfarrón, es un ignorante, nada sabe de mí, ni del tiempo, ni de la mujer”

Podríamos decir que ella ha sido interpretada, que ella y la mujer no son lo mismo, que el significante mujer es uno de los significantes de la articulación significante constitutiva, y le dice a él que tendrá que pasar por los significantes del psicoanálisis o no habrá verdadera voz para él:

“Cuando lo abandone llorará como un niño,
pedirá perdón, querrá lavar los platos
pero ya será tarde, el mundo no perdona.
Entonces pobre hombre, será mujer y niño
al mismo tiempo que hombre y nadie lo amará.
Como hombre nadie lo amará
por no diferenciar lo grande de lo bueno
y como niño, el pobre, hará cosas de niño
pero será un hombre que sufrirá por serlo.
Inadecuado el canto. Débil la voz.”

Un libro que nos permite ser de la voz.

Un libro que trabaja con la escritura y el tiempo recursivo, con aprés-coup, con retroacción significante, una nueva manera, con la función poética, de pensar el concepto de historia.

Desde que Giambatista Vito siguiendo a Giordano Bruno produjo la teoría cíclica de la historia, la historia como un proceso cíclico que repite eternamente situaciones típicas, con analogía entre los ciclos, repetición de personajes con nombres diferentes, cada ciclo con su dios, dios que comete una vez más el mismo pecado original sobre el que descansa la creación, renaciendo de las cenizas como el ave Fénix, hasta la idea de ruptura como punto de no retorno, punto de transformación desde donde se lee la historia quedando transformada prospectiva y retrospectivamente, quedando transformado el pasado y el futuro porque después de la producción de una función significante nada queda como estaba, es decir que transformará toda la historia: otra será la historia.

Podemos decir que los libros hablan para todos aunque no todos los lean. Leer es poner a hablar al libro y este libro dice del psicoanálisis de la mujer que hay en cada ser humano, por eso que después de este libro seremos otros.

 

Amelia Díez Cuesta. Psicoanalista

Revista de Psicoanálisis Extensión Universitaria Nº 81

“La mujer y yo” de Miguel Oscar Menassa

Editorial Grupo Cero

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Lectura recomendada: Psicoanálisis.com

Hay libros que necesitan poca difusión para convertirse en verdaderos éxitos entre sus lectores. Son libros que, gracias a su propia combustión, se transforman inmediatamente en libros de cabecera para generaciones enteras. Ahí está, por ejemplo, On the road de Jack Kerouac, auténtico talismán para millones de jóvenes después de la II Guerra Mundial.

Son libros de una rara inteligencia, que encienden un fuego en todos aquellos que los leen. Se trata de esos libros que cuando caen en tus manos no los puedes soltar hasta que llegas al final. Es el caso de Psicoanálisis.com, el último libro de Amelia Díez Cuesta, poeta y psicoanalista perteneciente a la Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero. Esta referencia es, quizá, una de las claves para comprender la volatilidad de su libro; la auténtica carga explosiva que lo catapulta.

Y es que Amelia Díez se ha formado en el proyecto, científico cultural y humanitario (que no humanista) del Grupo Cero, con el que se pretende romper la cultura del silencio en la que hemos sido educados: una cultura que nos deja sin recurso a la palabra.

Precisamente en la contraportada de su libro se pueden leer estas reveladoras palabras, que bien sirven de introducción a su obra: “Un psicoanálisis consiste en aprender a hablar, porque según cómo hable y a quién hable, así es la construcción de una vida.”

Cuando comencé a leer el libro, su formato me resultó al mismo tiempo novedoso y desconcertante. Está divido en 64 sesiones, la mayoría de ellas de no más de dos páginas de extensión. Sorprendía la agilidad de su lectura, en claro contraste con la complejidad de algunos de los temas allí tratados. Eso me llevó a pensar que una virtud de un buen escritor es hacer parecer inteligible lo complejo, sin que lo complejo pierda su complejidad.

Si On the road fue un libro de viaje, de iniciación, (un viaje que buscaba más la transformación en la huída y que, como todos saben, no llegó demasiado lejos), en Psicoanálisis.com asistimos a la construcción de un sujeto, no sólo a su transformación. Es, a su manera, también un viaje que lleva a su protagonista a una nueva forma de saber, sobre sí mismo y sobre sus relaciones, más bien que a un nuevo conocimiento.

Psicoanálisis.com da cuenta de esa inteligencia que, sobre la sexualidad y la vida del sujeto, sólo el psicoanálisis puede producir. Un saber que no da lugar al confort intelectual, a la inmovilidad, sino que, por el contrario, siempre te intranquiliza, te obliga al movimiento. Un saber que siempre te pone en relación con la castración, es decir, con lo propiamente humano.

Como señala su autora, Psicoanálisis.com muestra en acto cómo “el psicoanálisis es la ciencia del lenguaje habitado por el sujeto.” A lo largo de sus 64 sesiones se da “cuenta de esta manera de pensar un psicoanálisis.”

Ruy Henríquez

psicoanalista

PSICOANÁLISIS.COM

Amelia Díez Cuesta

ISBN: 978-84-9755-131-1

174 págs. P.V.P. 15 €

Editorial Grupo Cero

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Lectura recomendada: “Lo que sirve para construir no sirve para medir” por Amelia Díez Cuesta

Leonardo Da Vinci

Leonardo Da Vinci

LO QUE SIRVE PARA 
CONSTRUIR NO SIRVE 
PARA MEDIR

No es posible dibujar un cuadrado perfectamente cuadrado si no es con el número. Basta dibujar, imperfectamente, una figura de cuatro lados y poner el número cinco en cada uno de los lados, para que esa figura pase a ser una figura de lados iguales, es decir: un cuadrado. Figuras trascendentales, porque los rasgos numéricos permiten trascender la apariencia.

Pitágoras nos enseñaba que lo que sirve para construir la diagonal no sirve para medirla.

El número o rasgo numérico es más que un instrumento de medida, así como el concepto de inconsciente es más que un instrumento de medir algo que el sujeto ya tiene. Por eso decimos que no se trata de que haya sujetos con inconsciente sino sujetos del inconsciente, que el concepto de inconsciente sobredetermina que haya sujetos del inconsciente, produce sujetos del inconsciente.

Lo que sirve para construir no sirve para medir. El número es la diagonal, no sirve para medir la diagonal, igual ocurre con la interpretación, no es que mida el inconsciente sino que es el inconsciente, no es que mida la realidad sino que es la realidad, no es que mida los hechos es los hechos.
La infancia también es, en psicoanálisis, una noción original, que sirve para construir la infancia, no para medir cada infancia.

Cuando decimos que en psicoanálisis la causa viene del futuro y no del pasado, cuando decimos que es el futuro el que rectifica el pasado, si me analizo cada vez tengo una infancia diferente, en tanto si sigo creyendo que la infancia es lo que yo creo que es, en lugar de poner en acto un significante, eso quiere decir que todavía no soy sujeto del psicoanálisis.

La frase siguiente es siempre una transformación de las frases anteriores, por eso siempre hay nueva realidad. 
Mientras se conciba que es el pasado el que determina el futuro, la actitud no cambiará. Se darán datos del ayer, creyendo que así ayudamos a pensarnos. Cuando creamos que es el futuro lo que determina, hablaremos diferente, nunca de cosas ya pensadas, sino de lo impensado. 
Hay quien espera tener deseos de estudiar para comenzar a estudiar, hay quien espera tener ganas de comprar muebles para hacer habitable el lugar donde habita. Cuando sólo el estudiar hace de objeto causa del deseo de estudiar, sólo el vivir es causa del deseo de vivir.

Es del orden de la diferencia entre vivir como si fuera a vivir 40 años más o vivir como si fuera a morir hoy mismo. 
En psicoanálisis no podemos recurrir al sujeto supuesto saber en ningún momento, eso está excluido. Esto porque sabemos que somos sujetos del inconsciente.
Freud articuló «él no sabía que estaba muerto», es decir, en tercera persona, que al traducirlo a primera persona decimos: «yo no sabía que vivía de ser mortal».

El soporte de la interrogación filosófica más moderna, lo constituye que no hay nadie para poder decimos, en el momento de abandonar nuestra vida, que a nuestra propia vida hemos sido siempre en alguna medida extraños.

Es en la repetición de lo aparentemente idéntico que se crea la entrada en lo real como significante. La entrada en lo real es la forma de ese rasgo repetido de la diferencia absoluta en tanto ella está allí.

La ligazón del sujeto a este rasgo unario, pequeña diferencia, diferencia absoluta, diferencia ajena a toda comparación posible, es lo que hace que podamos decir: en el principio era el rasgo unario. Por eso que la relación del mundo del significante con la pulsión sexual, hace que prevalezca la función erótica del cuerpo en la cuestión del sujeto. Es la lengua la que civiliza el goce, es la que transforma el goce de la necesidad en el goce del deseo.

Hay un vacío y es de allí que el sujeto partirá, hay una estructura de lenguaje y es allí que nacemos.

Amelia Díez Cuesta. Psicoanalista
Extensión Universitaria, Revista de Psicoanálisis, No. 21

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La cultura controlada por los políticos y la salud por los periodistas ¡estamos perdidos! Nos quedaremos sin cultura y sin salud…

GRACIAS POR ESCUCHARME

La cultura controlada por los políticos y la salud por los periodistas ¡estamos perdidos! Nos quedaremos sin cultura y sin salud. 

Hitler mandó quemar los libros de Freud, El País promueve que no se lo lea.

Dos páginas centrales de El País dedicadas a validar que el sujeto sufriente tanto por depresión como por tristeza debe ser encerrado entre medicamentos. Convoca para hablar acerca de la salud de la población a psiquiatras y psicólogo, excluyendo a los psicoanalistas, y sin marcar la diferencia entre lo que dicen los psicólogos y los psiquiatras. En el artículo se destaca el nombre de los medicamentos y queda claro el consejo de automedicarse y hacerse medicar.

Se olvidan que sin el concepto de inconsciente ni siquiera se puede diagnosticar depresión, porque en el ser humano nada es lo que parece, sabemos que el depresivo se caracteriza por hablar mal acerca de sí mismo, es decir por haber perdido su amor propio, más que por derramar lágrimas; por mantener ideas suicidas no confesadas que por no tener ganas de ir al cine, por su dolor psíquico lacerante y silencioso que por manifestar dolor; tampoco se puede medicar una tristeza sin averiguar si ese supuesto “malestar” lo es, etc… 

Los periodistas son también los que durante la retrasmisión del partido ensalzan al Arsenal para no hablar bien del Barcelona (Barcelona 4 – Arsenal 1), son los que dicen que en el caso Gürtel no hay delitos porque no hay financiación ilegal del partido como sí lo hubo en el caso Filesa, etc.. 

Sin psicoanálisis la envidia y los celos andan con su capa y espada como caballeros andantes intentando salvar la cultura y la salud.

Por favor, si conoces a algún periodista, médico o político, dígale que se psicoanalice. Por cierto hay psicoanalistas que tienen precios para que se pueda psicoanalizar aquel que lo desee, precios accesibles al bolsillo de quien lo demande.

Los principios éticos son diferentes que los preceptos, ritos y ceremoniales morales, es necesario que primen los principios éticos.

Psicoanalizarse es un derecho de todo sujeto, pero que se psicoanalicen quienes gobiernan, educan y trabajan en el campo de la salud, incluidos los periodistas cuya función es trasmitir, es un derecho de todos los humanos.

Gracias por escucharme.

Amelia Díez Cuesta
Psicoanalista del Grupo Cero
Independiente por la mañana

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