LA SELVA Y EL MAR

George Bellows - Giant Sky, 1913

George Bellows – Giant Sky, 1913

LA SELVA Y EL MAR

 

Allá por las remotas

luces o aceros aún no usados,

tigres del tamaño del odio,

leones como un corazón hirsuto,

sangre como la tristeza aplacada,

se baten con la hiena amarilla que toma la forma del poniente insaciable.

 

Largas cadenas que surten de los lutos,

de lo que nunca existe,

atan el aire como una vena, como un grito, como un reloj que se para

cuando se estrangula algún cuello descuidado.

 

Oh la blancura súbita,

las orejas violáceas de unos ojos marchitos,

cuando las fieras muestran sus espadas o dientes

como latidos de un corazón que casi todo lo ignora,

menos el amor,

al descubierto en los cuellos allá donde la arteria golpea,

donde no se sabe si es el amor o el odio

lo que reluce en los blancos colmillos.

 

Acariciar la fosca melena

mientras se siente la poderosa garra en la tierra,

mientras las raíces de los árboles, temblorosas,

sienten las uñas profundas

como un amor que así invade.

 

Mirar esos ojos que sólo de noche fulgen,

donde todavía un cervatillo ya devorado

luce su diminuta imagen de oro nocturno,

un adiós que centellea de póstuma ternura.

 

El tigre, el león cazador, el elefante que en sus colmillos lleva algún suave collar,

la cobra que se parece al amor más ardiente,

el águila que acaricia a la roca como los sesos duros,

el pequeño escorpión que con sus pinzas sólo aspira a oprimir un instante la vida,

la menguada presencia de un cuerpo de hombre que jamás podrá ser confundido con una selva,

ese piso feliz por el que viborillas perspicaces hacen su nido en la axila del musgo;

mientras la pulcra coccinella

se evade de una hoja de magnolia sedosa…

Todo suena cuando el rumor del bosque siempre virgen

se levanta como dos alas de oro,

élitros, bronce o caracol rotundo,

frente a un mar que jamás confundirá sus espumas con las ramillas tiernas.

 

La espera sosegada,

ese esperanza siempre verde,

pájaro, paraíso, fasto de plumas no tocadas,

inventa los ramajes más altos,

donde los colmillos de música,

donde las garras poderosas, el amor que se clava,

la sangre ardiente que brota de la herida,

no alcanzará, por más que el surtidor se prolongue,

por más que los pechos entreabiertos en tierra

proyecten su dolor o su avidez a los cielos azules.

 

Pájaro de la dicha,

azul pájaro o pluma,

sobre un sordo rumor de fieras solitarias,

del amor o castigo contra los troncos estériles,

frente al mar remotísimo que como la luz se retira.

 

 

Vicente Aleixandre

La destrucción o el amor

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DESPUES DE LA MUERTE

Fishermen at the Sea 1796 by William Turner

Fishermen at the Sea 1796 by William Turner

DESPUÉS DE LA MUERTE

En el refugio de la noche
la vida se desplaza levemente

Tan soberbio
tan espectacular era el poema entre las sombras,
que no me alcanzará para escribirlo,
ni la mañana, ni la noche,
ni el resto de mi vida.

Navego como navegaron los grandes navegantes,
a ciegas,
con el pulso detenido por la emoción de cada instante,
oliendo tierra firme en todas direcciones
y así,
otra vez el mar y el profundo cielo permanentemente.
Vientos perfumados
y peces enloquecidos por el hambre, festejan,
la inminencia de un nuevo fracaso.

Nadie ha de morir en ese olvido,
surgen, fortalecidas,
por el odio de seguir buscando,
imprecaciones y blasfemias.
Capitán del hastío,
siempre buscando tierra firme,
siempre encontrando abiertos mares y perfumes,
cerrados océanos.

Con la soberbia de un hombre encadenado
y libre,
un día terminaré gritando entre tus brazos:
yo maté a Dios, quiero la recompensa
y, seguramente, alguien me dará 30 dineros
y mi locura seguirá avanzando sobre todo.

Viene del sur, dirán, es un desaforado.
Anguila escurridiza y voraz,
eléctrico perfume entre las piedras,
palabra desmedida, es el poeta.

Vengo para que conmigo muera lo último.
Más allá de la nada comienza mi camino.

Un hombre es a otro hombre, su poeta y el Otro.
Olímpico destino y, a la vez,
embalsamada furia detenida.
Contraste primordial entre mi ser y el mundo.

Un hombre es a otro hombre, su mirada y el cielo.
Paloma mensajera y, a la vez,
nostálgico asesino entre las sombras.
Entrecortado canto poblado de silencios.

Un hombre es a otro hombre, la muerte y su milagro.

Intento arrancar la venda de mis ojos,
doy duros golpes en el propio centro del timón,
para desviar el rumbo y no consigo nada.
Fumo cigarros y bebo alcoholes fuertes.
Dibujo entre los ojos de la mujer que amo,
la posibilidad de un nuevo recorrido,
y frente a esa mirada maravillada por mi terror
rompo el sextante y la pequeña brújula marina,
y en el corazón pleno de la niebla
-en el comienzo de este nuevo final-
arrojo como si fueran desperdicios
mis últimos recuerdos al mar
y beso tus labios.

Tierra firme
y nuestro barco se retuerce entre las olas,
movimientos desesperados a punto de naufragar,
son el movimiento de nuestros cuerpos.
Babas y leches
se confunden con el torrente de aguas marítimas
y algas
y brillantes moluscos como perlas,
sacrificados a un dios.

Mar abierto
y nuestro barco encalla
en los afiebrados latidos de tu corazón,
tambor entre los leves murmullos de la selva.
Indómito
-salvaje anidando en la maleza-,
arranco tu sexo de la tierra, violines de la música,
movimientos como puñales clavándose en el cielo.

Antes de comenzar mi nuevo camino,
trato de señalizar el punto de partida.
Arranco desde donde el hombre se debate,
en los brazos sangrantes de la nada.

Yo soy ese hombre,
mordido por la vida humana a traición,
enajenado en el entontecido ritmo del reloj,
enloquecido por el palpitante ruido de las máquinas,
ensombrecido por la lujuria de los dioses asesinos
-hombres solitarios y, también, hombres habitados-,
y, sin embargo, doy mi primer paso.
Pequeño paso,
no emprendo veloz carrera hacia las tinieblas,
porque soy un hombre atemorizado,
que ya no sabe si su próximo paso
será marca o nivel de otros pasos humanos
o el callejón sin salida de su muerte.

En los pasos siguientes me desorienta
ver mi nombre en el nombre de las calles,
indicando la dirección deseada.
Brutal encuentro conmigo mismo y sigo andando,
porque seguir andando hacia otro descubrimiento cada vez,
después de los primeros pasos se hace costumbre.
Y, sin embargo, uno también se dice: aquí me detendré.
Detrás de mí, sólo montañas,
y sembraré esa tierra,
y atraeré con mi canto el agua de la lluvia
para que todo florezca y se reproduzca
y lo femenino sea ley del amor,
manzana delirante sin pecado,
y en ese paraíso viviré, tranquilamente, un tiempo.
Después algún humano habitante de la nada de Dios
intentará colonizarme y tampoco habrá guerra.

Cuando se sequen las flores,
cuando se pudran definitivamente los frutos,
porque ya no hay amor en su cuidado,
daré otro paso más,
pequeño paso conmovido como aquel primer paso,
y así, seguramente, veré distintos horizontes,
y así, seguramente, un día, moriré caminando
y nada pasará,
porque los violentos perfumes de mi cuerpo,
cuando camino, son mis propias palabras
y así, veo mi nombre volando en ese olor alucinado,
más allá de mi muerte,
caminando.

Miguel Oscar Menassa
El amor existe y la libertad

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“Las eternas relaciones de pareja” (I) por Miguel O. Menassa

Tercer embarazo de Miguel Oscar Menassa

Tercer embarazo de Miguel Oscar Menassa. Óleo sobre lienzo, 65x50 cm.

Charla-Coloquio con Miguel Oscar Menassa:
“LAS ETERNAS RELACIONES DE PAREJA”
en la Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero,
el 27 de mayo de 2010

MOM:  Bueno, pueden comenzar las preguntas. Se trata de demostrar lo siguiente “Las eternas relaciones de pareja”; “Las relaciones eternas sin pareja”; “La pareja eterna en relación”. Se trata de demostrar (es muy sencillo lo que se trata de demostrar) que el hombre no ha progresado, que en los últimos mil años lo que ha progresado es el objeto técnico. Estamos transmitiendo a países extranjeros sentados en una silla.

Ha progresado el objeto técnico, lo que no ha progresado es el hombre. El hombre ama y odia como hace cuatro mil años. Dije mil años antes porque no quería asustarlos.

Ustedes piensen que antes de la época victoriana la gente hablaba libremente del sexo. Yo era un previctoriano, cuando llegué a España tuve que acallar mi voz para que no me hicieran juicios.

Estuve leyendo antes de venir aquí un libro mío que, desgraciadamente para Biblioteca Nueva, publicó Biblioteca Nueva sin leer. Casi echan a la Gerente Editorial, estuvo a punto de ser expulsada, en el año 1983. Para mí era normal escribir así. Y era normal vivir así. Les aconsejo que lean ese libro.

Entre “Las eternas relaciones de pareja” quiero comunicarles que España es un país atrasado. Yo soy español, he votado en todas las últimas elecciones, pago los impuestos en España, altos impuestos para que no me vengan a molestar ni a preguntar dónde vivo. Pero España es un país atrasado.

En El oficio de morir están las frases por las cuales el periodismo me quitó, me tachó de la cultura. Me tachó como poeta, como psicoanalista, como pintor, como educador. Lo que pasa es que el periodismo no es lo más importante que ocurre en la vida de un poeta.

Yo me acuerdo que en Buenos Aires directamente les insultaba cuando se acercaban. Aquí decidí hablar con ellos pero al ver mi escritura no quisieron hablar conmigo. Esto tendría que habérselo contado en una carta antes de invitarles a la charla. Soy como el demonio para los periodistas o un ángel exterminador.

Hoy le puse precio a la charla para que no saliera en ningún diario; barato, veinte euros y cinco euros por Internet. Cuando le pones precio no sale en los diarios, no les interesa ni el título ni nada, pero cuando eres un capitalista alto, grande y no un poeta y le pones precio, el periódico invita.

Yo no sé si ustedes se han dado cuenta que no es necesario leer los diarios para vivir y que además te confunden, porque como decía hoy un señor que estaba en la televisión, que también confunde, decía: Es raro que tal noticia haya salido chiquitita y tal otra noticia haya salido grande, porque los diarios no publican lo importante (estoy hablando de la pareja), los diarios no publican lo importante sino que publican lo interesante. No importa un señor que haga el amor todos los días bien hecho, importa un enano que la tenga muy grande. Esto lo vi por televisión no vayan a creer que lo estoy inventando.

P: ¿Cuál es el engaño que soporta la pareja, es el de la eternidad?

MOM: No, la pareja no soporta ningún engaño, usted engaña a su pareja y va presa, la matan o la condenan a muerte, o se separan de usted. Nada, ningún engaño soporta. Ahora, si usted me quiere decir cómo es que uno tiene que engañarse… Acuérdense que el amor es el sentimiento que permite la reproducción de la especie, por lo tanto quítense de la cabeza que puede existir la no pareja. Se lo sacan de la cabeza, porque sin amor no hay reproducción de la especie y la especie es más grande que el ser humano. A la especie no le importa que haya unos que no quieran tener hijos, otros que no puedan tener hijos, le importa un carajo.

Todo el mundo tiene que conocer el amor. Es decir cuando uno tiene un gran amor y está en pareja, de alguna manera tiene que hacerle compartir el gran amor a esa pareja sin decirle que está enamorado de otra persona. Ven qué difícil que es. Cualquier tipo de engaño.

¿No quieren hacer ninguna pregunta de la presentación que hizo la Dra. de Lucia?

P: Ella dijo que sin ella no hubiera sido posible ¿detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer?

MOM: Detrás de un gran hombre siempre hay una mujer y detrás de un pequeño hombre siempre hay una mujer, el hombre todavía no sabe qué hacer en soledad. Cuando está solo se masturba, después que se masturba le viene odio de estar solo y después hace la guerra.

Por ejemplo, ahora me van a hacer una entrevista por televisión para preguntarme los motivos de la crisis económica y el daño que le está haciendo a la población la crisis.

Adelante, bueno no me molesten más. En la pareja esto es permanente. En la pareja es importante interrumpir a la pareja. ¡Qué nerviosos están!

Me leí seis o siete libros que hacía mucho que no leía, que se los recomiendo: El amor en occidente de Rougemont, Sexo y poder de Foucault; El libro de Monelle de Marcel Schwob, y después leí otros.

  ¡Cómo se mueven! Cuando hablo de ciencia pura nadie se mueve, he dado conferencias de cuatro horas de ciencia y nadie se movía, se meaban encima, se tragaban la saliva para aplacar la sed y algunos se cruzaban de piernas y se movían, que nunca pude entender qué era eso. En algunos libros dicen que eso es masturbación, en algunos libros en otros no, en otros dicen que es un acercamiento a Dios.

Esos libros que leí… muy interesante lo que dicen. El libro de Monelle es de una dulzura, de una ternura incalculable, claro pero para escribir ese libro Schwob tuvo que conocer una prostituta que se le murió en los brazos, entonces pierde un poco de valor. Yo me acuerdo cuando Gloria Fuertes leyó El oficio de morir, ese libro mío que les recomendé al principio de la charla, que no lean ¡no leáis este libro, está maldito!

Gloria Fuertes lo leía el libro y me llamó a su casa para decírmelo y me sentó en una silla que le había regalado Televisión Española y me dijo “esta silla es suya, no mía”, agarró el libro El oficio de morir y me empezó a mostrar las barbaridades que decía el libro, me preguntó “¿usted sufría mucho cuando escribía este libro?”, “Yo no sufrí nada” le contesté. “Entonces, usted es un gran escritor”. Que a diferencia del que escribió El libro de Monelle yo no sufrí, él sufrió. Y el sufrimiento lo llevó a esa escritura, de una ternura inconcebible.

Créanme, no sufrí, parí sin dolor. Se ríen. Amenacé a mi mujer con contarle las relaciones sexuales a su madre cuando no quería tener el hijo, porque hacía doce horas que estábamos por parir. Entonces, la amenaza de contarle la vida sexual secreta a la madre de ella hizo que tuviera el hijo inmediatamente. Yo fui un gran colaborador. Y, después, en el segundo parto tampoco reaccionaba y me dijo el médico: “hazle oler alcohol”, porque yo estaba en el parto. Yo, en lugar de hacérselo oler, se lo tiré en los ojos, el dolor que le dio, dijo: “¡ahhh!” y pum salió el niño. Es decir que, a veces, los métodos que parecen brutales son, en realidad, métodos cariñosos.

Hoy vengo a poner en cuestión… maltratador… Yo les pregunto a ustedes: una palmada en el culo, sea del hombre o de la mujer el culo, ¿eso es maltrato o son caricias sexuales?

P: Según para quién puede ser acoso.

MOM:  Exactamente, eso es lo que les quería decir. Ayer Iñaki Gabilondo que espero, para emocionarlos, que me haga una entrevista, porque hace preguntas muy interesantes y jamás le han respondido lo que yo le puedo responder. Ayer, Iñaki Gabilondo, estaba raro porque decía: “Primero me enseñaron que la ley era igual para todo el mundo y a mí me costó aprenderlo porque yo soy muy original (no lo dijo así, pero lo dijo así), me costó entender que la ley era para mí igual que para todo el mundo y resulta que después que lo aprendí, condenan a abandonar el puesto a uno que fue a cazar zorros y no condenan a abandonar el puesto a uno que robó. Hay cosas que no entiendo, pasan en el mundo cosas que no entiendo”. Iñaki Gabilondo, que es muy narcisista, que decir que no entiende debe ser porque el hombre está verdaderamente desesperado y no entiende.

Miguel Oscar Menassa
Candidato al premio Nobel de Literatura 2010

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“Nuestra actitud ante la muerte” de Sigmund Freud (VI)

Thomas Eakins, Home Scene. 1870

Thomas Eakins, Home Scene. 1870

Así, pues, también nosotros mismos juzgados por nuestros impulsos instintivos, somos, como los hombres primitivos, una horda de asesinos. Por fortuna tales deseos no poseen la fuerza que los hombres de los tiempos primitivos les atribuían aún, de otro modo la Humanidad, los hombres más excelsos y sabios y las mujeres más amorosas y bellas juntos al resto habría perecido hace ya mucho tiempo, víctima de las maldiciones recíprocas. Estas tesis que el psicoanálisis formula atrae sobre ella la incredulidad de los profanos, que la rechazan como una simple calumnia insostenible ante los asertos de la conciencia, y se las arreglan hábilmente para dejar pasar inadvertidos los pequeños indicios con los que también lo inconsciente suele delatarse a la conciencia. No estará, por tanto, fuera de lugar hacer constar que muchos pensadores, en cuyas opiniones no pudo haber influido el psicoanálisis, han denunciado claramente la disposición de nuestros pensamientos secretos a suprimir cuanto supone un obstáculo en nuestro camino, con un absoluto desprecio a la prohibición de matar. Un solo ejemplo, que se ha hecho famoso bastará: En Le pére Goriot alude Balzac a un pasaje de Juan Jacobo Rousseau, en el cual se pregunta al lector qué haría si, con sólo un acto de su voluntad, sin abandonar París ni, desde luego, ser descubierto, pudiera hacer morir en Pekín a un viejo mandarín, cuya muerte habría de aportarle grandes ventajas. Y deja adivinar que no considera nada segura la vida del anciano dignatario. La frase tuer son mandarin ha llegado a ser proverbial como designación de tal disposición secreta, latente aún en los hombres de hoy.

Hay también toda una serie de anécdotas e historietas cínicas que testimonian en igual sentido. Así, la del marido que dice a su mujer: «Cuando uno de nosotros muera, yo me iré a vivir a París.» Estos chistes cínicos no serían posibles si no tuvieran que comunicar una verdad negada y que no nos es lícito reconocer como tal cuando es expuesta en serio y sin velos. Sabido es que en broma se puede decir todo, hasta la verdad. Como al hombre primitivo, también a nuestro inconsciente se le presenta un caso en el que las dos actitudes opuestas ante la muerte, chocan y entran en conflicto, la que la reconoce como aniquilamiento de la vida y la que la niega como irreal. Y este caso es el mismo que en la época primitiva: la muerte o el peligro de muerte de una persona amada, el padre o la madre, el esposo o la esposa, un hermano, un hijo o un amigo querido. Estas personas son para nosotros, por un lado, un patrimonio íntimo, partes de nuestro propio yo; pero también son, por otro lado, parcialmente, extraños o incluso enemigos. Todos nuestros cariños, hasta los más íntimos y tiernos, entrañan, salvo en contadísimas situaciones, un adarme de hostilidad que puede estimular al deseo inconsciente de muerte.

Pero de esta ambivalencia no nacen ya, como en tiempos remotos, el animismo y la ética, sino la neurosis, la cual nos permite también adentrarnos muy hondamente en la vida psíquica normal. Los médicos que practicamos el tratamiento psicoanalítico nos hemos, así, enfrentado muy frecuentemente con el síntoma de una preocupación exacerbada por el bien de los familiares del sujeto, o con autorreproches totalmente infundados, consecutivos a la muerte de una persona amada. El estudio de estos casos no nos ha dejado lugar a dudas en cuanto a la difusión y la importancia de los deseos inconscientes de muerte. Al profano le horroriza la posibilidad de tales sentimientos, y da a esta repugnancia el valor de un motivo legítimo para acoger con incredulidad las afirmaciones del psicoanálisis. A mi juicio, sin fundamento alguno. Nuestra tesis no apunta a rebajar la vida afectiva ni tiene, en modo alguno, consecuencia tal. Tanto nuestra inteligencia como nuestro sentimiento se resisten, desde luego, a acoplar de esta suerte el amor y el odio; pero la Naturaleza, laborando con este par de elementos antitéticos, logra conservar siempre despierto y lozano el amor para asegurarlo contra el odio, al acecho siempre detrás de él. Puede decirse que las más bellas floraciones de nuestra vida amorosa las debemos a la reacción contra los impulsos hostiles que percibimos en nuestro fuero interno.

Sigmund Freud

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Introducción a la lectura poética

logoscolegio

CURSO DE INTRODUCCIÓN A UNA LECTURA POÉTICA

Los miércoles del 15 de abril al 13 de mayo de 2009, 19.00 horas.

Un crédito de Libre Elección por la U.C.M.

PROGRAMA

15 de abril de 2009, 19:00 h.
ESCRITURA Y POESÍA
Hernán Kozak.

22 de abril de 2009, 19:00 h.
POESÍA SOCIAL. LA GUERRA
Manuel Menassa.

29 de abril de 2009, 19:00 h.
EL AMOR Y EL EROTISMO
Magdalena Salamanca.

6 de mayo de 2009, 19:00 h.
LA VIDA Y LA MUERTE
Ruy Henríquez.

13 de mayo de 2009, 19:00 h.
RECITAL POÉTICO MUSICAL

Hernán Kozak, Manuel Menassa, Magdalena Salamanca y Ruy Henríquez.

Colegio Mayor Nuestra Señora de África.
Ramiro de Maeztu, 8 • 28040 Madrid.
Metro: Metropolitano – Autobuses: 132, F y Circular

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¿Qué quiere decir: “yo soy un hombre” cuando soy yo el que habla? (I)

Tupacamarú, Miguel Oscar Menassa. Óleo sobre lienzo. 2002

Tupacamarú, Miguel Oscar Menassa. Óleo sobre lienzo. 2002


¿Acaso una luciérnaga cansada de volar, de iluminar la nada,
habrá de posarse sobre mis hombros quietos y me hará feliz?

¿O tal vez soy el hombre que se inunda de besos
y no consigue nunca dejar la soledad?

¿Mujer independiente o tigre liberado de la selva?
¿Hombre o calmante vitaminado para los nervios?

¿Soy acaso el que piensa que nunca llegaremos
o el iluso que se levanta todas las mañanas
para vivir un nuevo porvenir?

¿O bien seré, feliz mujer que triunfó en la vida
por no haber vivido casi nada y escribirlo todo?

Belleza la de un hombre dejándose llevar
por una palabra fracturada,
partiéndose, también él, en su sonido.

Niño y anciano preguntándose, al unísono,
los acordes posibles del mundo en que vivimos:
Parece que la vida no comenzará nunca.
Parece que la vida ya se terminó.

No se cuál de estos hombres
será mi dueño un día
mas comienzo diciendo una verdad:
la lucha es cruel, las ambiciones imperfectas.

Ella me quiere para sí, mas siempre dice no.
Después, cuando se duerme cansada de luchar,
sueña que el mundo se detiene a su lado
y ella abre sus piernas, abre sus piernas
y ya quisiera ser totalmente del mundo
y ya quisiera que el mundo se haga carne
y el mundo, ensombrecido, sueño o prisión,
desaparece y ese pozo sin luz, ese vacío
es, justamente, lo que la mujer ama.

Un hombre que no sabe reír cuando se ríe
que no sabe llorar aunque lo diga un tango.
Un hombre sin círculos ni rectas.
Un ave, mas María, que no sabe volar.

Después, un día, un santo me bendice
y ya soy otro más, también, bendito.
Abandono mujeres y espacios deportivos,
me arrodillo sobre dura piedra invernal
y rezo continuos avatares de mi vida:
Cuánto dolor, Señor, lleva mi alma
cuando me toca en suerte
un amo que no quiere ser amo
y sólo me usa y me desprecia.

Miguel Oscar Menassa
Las 2001 Noches, Nº 56
(Continuará…)

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No rechaces los sueños por ser sueños

Franz Marc, El sueño. 1912

Franz Marc, El sueño. 1912

 

No rechaces los sueños por ser sueños.
Todos los sueños pueden
ser realidad, si el sueño no se acaba.
La realidad es un sueño. Si soñamos
que la piedra es la piedra, eso es la piedra.
Lo que corre en los ríos no es un agua,
es un soñar, el agua, cristalino.
La realidad disfraza
su propio sueño, y dice:
”Yo soy el sol, los cielos, el amor.”
Pero nunca se va, nunca se pasa,
si fingimos creer que es más que un sueño.
Y vivimos soñándola. Soñar
es el modo que el alma
tiene para que nunca se le escape
lo que se escaparía si dejamos
de soñar que es verdad lo que no existe.
Sólo muere
un amor que ha dejado de soñarse
hecho materia y que se busca en tierra.

PEDRO SALINAS
España-1891
De “Largo lamento”

En Poesía Grupo Cero

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