HABLAS DE CIVILIZACIÓN, Y DE QUE NO DEBE SER…

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Barbara Kroll, “Woman”, 100 x 70, cardboard, 2015

Hablas de civilización, y de que no debe ser,
o de que no debe ser así.
Dices que todos sufren, o la mayoría de todos,
con las cosas humanas por estar tal como están.
Dices que si fueran diferentes sufrirían menos.
Dices que si fueran como tú quieres sería mejor.
Te escucho sin oír.
¿Para qué habría de querer oír?
Por oírte a ti nada sabría.
Si las cosas fuesen diferentes, serían diferentes: eso es todo.
Si las cosas fuesen como tú quieres, serían sólo como tú quieres.
¡Ay de ti y de todos los que pasan la vida
queriendo inventar la máquina de hacer felicidad!

Fernando Pessoa
De Poemas inconjuntos (1913-1915)

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UN NECIO Y UN SABIO NO VEN EL MISMO ÁRBOL

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Michäel Borremans, The Pupils, 2001. 70×60 cm, oil on canvas

 

Vemos y oímos mejor –en el sentido de que vemos más completa e interesantemente– cuanto más amplia e informada sea la inteligencia que hay detrás de nuestro ver y oír. Por eso dijo Blake con toda razón: “Un necio y un sabio no ven el mismo árbol”.

[…] Un poeta que sepa lo que son las coordenadas de Gauss tiene más probabilidad de escribir un buen soneto de amor que un poeta que no lo sepa. Un poeta que se ha tomado el trabajo de interesarse por una abstrusión matemática tiene en sí el instinto de la curiosidad intelectual, y quien tiene en sí el instinto de la curiosidad intelectual ha de haber recogido, en el curso de su experiencia de la vida, pormenores del amor y del sentimiento superiores a los que podría haber recogido aquel que no es capaz de interesarse más que por el curso normal de la vida que le afecta: el pesebre del oficio y la reata de la sumisión. Uno está más vivo que el otro, al menos como poeta; de ahí la relación sutil entre las coordenadas de Gauss y la Amarilis de turno.

Fernando Pessoa

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BAJO LA MÁSCARA DE LA IDENTIDAD

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Xevi Sola Serra

Nadie me conoció bajo la máscara de la identidad ni supo nunca que era una máscara, porque nadie sabía que en este mundo hay enmascarados. Nadie supuso que junto a mí estuviera otro que, al fin, era yo. Siempre me juzgaron idéntico a mí.

Vivimos todos lejanos y anónimos; y disfrazados sufrimos, desconocidos. Para unos esta distancia entre un ser y ellos mismos jamás se revela; para otros resulta de cuando en cuando iluminada, con horror o dolor, por un relámpago sin límites; para algunos ésta es la penosa constancia y cotidianidad de la vida.

Saber bien que quienes somos no nos atañe, que lo que pensamos o sentimos es siempre una traducción […], saber todo eso a cada minuto, sentir todo eso en cada sentimiento, ¿no será ser extranjero en la propia alma, exiliado en las propias sensaciones?

Fernando Pessoa

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