PSICOLOGIA DE LA INVESTIGACION CIENTIFICA DE RUY J. HENRIQUEZ GARRIDO

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LA MADUREZ NO ES LA MUERTE

Georgia O’Keeffe: Music Pink and Blue II

LA MADUREZ NO ES LA MUERTE

Patrón endurecido por el silencio y por la ausencia,

estrechas mis muñecas de presa y corres mas allá del mar

a depositar las máscaras de mi piel que cubrieron mis paso por las

extranjerías.

Mundos por los que navegué volcaron su aliento en mi garganta

y me dieron ese sabor de mujer feliz mezcla de arcilla y ola.

Como si fuesen sombras de una llama,

se bañan entre miel y vino púrpura las impaciencias

que veo circular frente a mi rostro ovalado,

apetecible como una fruta henchida por el brillo repetido del alba,

que urgido se pervierte mirando desde abajo

para escuchar en el ruido de las ruedas

como se revientan los globos de la ruta secreta de la muerte.

Ya te husmeé desde aquel día en que los embriones dejaban su

bolsa placentaria

y te derribé sin ofenderte en medio de mi placer de víctima

triunfante.

Por ahora aquí estoy, tengo una complicidad estrecha con mi

espíritu

viendo como se queman las naves del regreso,

más viva que el olor del agua en el reverso de la oleada

y el verde liquen que viste la desnudez de la roca submarina.

Pon la memoria en fuga, tranquilízate,

no vengas ahora apresuradamente a tomar el timón que tu trono

taciturno

ha quedado replegado entre la muchedumbre que soy

y mi cuerpo, manchado por mil lunas,

es una carne regia que oculta la cifra de mi nacimiento

entre números estelares que ascienden cada noche por oriente.

De nada sirve la luz de una lámpara en pleno mediodía.

Amarillo dulzor, la plena madurez, recorriendo las velas de mis alas

migratorias.

Surco tu negro mar, admiro tu potencia, pero escucha el ruido de la

horda, parece una colmena de futuro,

todos los extraviados en busca de la verdad divina,

una arrogancia intemporal me invade, escúchame decir: mi casta es

de vivientes.

NORMA MENASSA

Escuela de Poesía Grupo Cero

Taller Sábados 18h. Madrid

Coordinador: Miguel Oscar Menassa

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ES INFINITA ESTA RIQUEZA ABANDONADA

Distorción de Andre Kertesz - 1933

Distorción de Andre Kertesz - 1933

Esta mano no es la mano ni la piel de tu alegría
al fondo de las calles encuentras siempre otro cielo
tras el cielo hay siempre otra hierba playas distintas
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada
nunca supongas que la espuma del alba se ha extinguido
después del rostro hay otro rostro
tras la marcha de tu amante hay otra marcha
tras el canto un nuevo roce se prolonga
y las madrugadas esconden abecedarios inauditos islas
remotas
siempre será así
algunas veces tu sueño cree haberlo dicho todo
pero otro sueño se levanta y no es el mismo
entonces tú vuelves a las manos al corazón de todos
de cualquiera
no eres el mismo no son los mismos
otros saben la palabra tú la ignoras
otros saben olvidar los hechos innecesarios
y levantan su pulgar han olvidado
tú has de volver no importa tu fracaso
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada
y cada gesto cada forma de amor o de reproche
entre las últimas risas el dolor y los comienzos
encontrará el agrio viento y las estrellas vencidas
una máscara de abedul presagia la visión
has querido ver
en el fondo del día lo has conseguido algunas veces
el río llega a los dioses
sube murmullos lejanos a la claridad del sol
amenazas
resplandor en frío

no esperas nada
sino la ruta del sol y de la pena
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada.

Edgar Bayley

Las 2001 Noches Nº 131

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CUMPLIR 50 AÑOS

“Soy un hombre,
nací hace 50.000 años
y tengo derecho a la palabra.”
Miguel Oscar Menassa

Cumplir 50 años tampoco es mucho
si uno pretende vivir más de una vida.
Los inmortales que sufren la labor del tiempo
en los desconocidos aledaños de su cuerpo,
ven a cada paso caer los esqueletos blanqueados
de sus sueños,
sin poder reconocer que algo de su letra,
algo de su mano impone su rúbrica
a sus propios huesos.

50 es una bonita cifra para comenzar de cero,
como si una juventud inesperada te permitiera
gozar de aquello que tu antigua adolescencia te negaba.
De repente, sin saber muy bien cómo,
te ves dueño de una renovada fuerza,
no tanto para subir a un árbol,
como para hundirte en sus raíces y saborear
la sabia fresca que trepa por sus brazos.
Cantar en sus ramas cómo la lluvia
lava su robusto cuerpo,
cómo remueve a sus pies la tierra,
cómo se alza desafiante y ciego
sin saber que en él habita un hombre postrero.

Porque ¿qué sabe uno de sí mismo
si aún no ha dicho la próxima palabra?

Cumplir 50 años será entonces
como escribir en un cuaderno nuevo:
“Yo soy el que vendrá,
el que se está escribiendo entre temblores,
el que hará del horizonte su pasado.
Rasgadura final, haré de tu herida una boca,
unos labios atrapados en un verso.”

 

Ruy Henríquez

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