LA MUERTE Y EL ENVEJECIMIENTO NO TIENEN POR QUÉ SER LA MISMA COSA

Ill-Matched Lovers 1525 by Quentin Massys

III-Matched Lovers 1525 by Quentin Massys

21 de febrero de 1977
Hoy cumple años Olga

 

La ideología es el tiempo donde se desarrollan los hechos de la vida. Tiempo de señalar, indicar, definir, utilizar. Tiempo de limitar la cambiante realidad humana con la que se encuentra en su desarrollo, para no sorprenderse con la existencia de otros caminos que los suyos, enceguece y se transforma en una visión particular del mundo. Es en el tiempo de la ideología (de las creencias) donde los descubrimientos científicos se transforman en instrumentos de la muerte.

En el paroxismo de esa poquedad el hombre llegó a decir: si pienso, existo. Si siento, soy humano. Si veo, existe el mundo, si no veo, no existe. Es con este drama cotidiano a nuestras espaldas como nos enfrentamos al saber, como queda claro, lleno de prejuicios.

El tiempo de la ciencia es el tiempo donde las cosas ya no son lo que son.

La certeza sensible, es decir, lo que toco, lo que veo, lo que puedo oler y pensar, no existe sino como producto efecto de lo que determina y otorga a la certeza sensible el rango de ilusoria. A partir de ahora habrá siempre dos mundos. Uno, aparente (el mundo de los sentidos, de la razón, de la ideología). Otro, el mundo real, latente, que es el que determina esa apariencia y que sólo hallaré mediante un trabajo de reconstrucción que, en todos los casos, hasta hoy es un trabajo teórico.

Y es precisamente donde el inconsciente no juzga ni calcula y sólo transcurre, donde se ilumina como concepto, ya que de ninguna otra cosa puede alardear un concepto, sino precisamente de no juzgar ni calcular, sino tan sólo de transcurrir.

Si la realidad es la metáfora de todo lo posible y la ideología conlleva en todos los casos una visión del mundo totalizadora, podemos decir que la ideología tiende a ser esa metáfora, es decir, tiende a confundirse con la realidad.

La ciencia es en todos los casos menos ambiciosa. Nace a la vida mutilada. Para nacer tiene que decidir a qué parte de la realidad dará nombre. No nace hasta no haber formulado su objeto de conocimiento. Y haber nombrado su objeto de conocimiento le da derechos sobre eso y sobre ninguna otra cosa más.

Es por eso que en el tiempo de las ciencias ha muerto EL TODO, DIOS, LA CIENCIA, LA FILOSOFÍA, EL HOMBRE, dando lugar a lo RELATIVO, LOS DIOSES, LAS CIENCIAS, LAS FILOSOFÍAS, LAS IDEOLOGÍAS, LOS HOMBRES.

Ha concluido el circo, TODO no existe. La realidad será aquella que pueda ser determinada. Los hechos no existirán como tales (es decir no serán históricos) hasta después de ser interpretados.

El hombre en general ha dado un salto al vacío.

Sabe que con la ideología no puede terminar, porque terminaría con su propia vida de hombre, y lo que ocurre con las ciencias es que a veces son inalcanzables.

Hoy también le dije a ella en el día de su cumpleaños:

−Envejecer no es ni bueno ni malo, es también una jugada a realizar que conviene realizar cuanto antes.

La muerte y el envejecimiento no tienen por qué ser la misma cosa.

Miguel Oscar Menassa
Secretos de un psicoanalista
Editorial Grupo Cero

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El deseo de estudiar se consigue estudiando

La palabra estudio y todas las que se derivan de ella (estudiante, estudiar, etc.), tienen como raíz etimológica la palabra latina studium que significa “interesante”.

Resulta sorprendente escuchar, sin embargo, que tanto los profesores como los estudiantes, consideren nuchas veces que hay asignaturas, o temas dentro de una asignatura, más o menos interesantes. Si partimos de la idea de que lo que estudiamos (o lo que enseñamos, pues enseñar es una modalidad del estudio) tiene que ser interesante, nos encontraremos con que algunos campos del saber y del conocimiento nos estarán vedados.

Cuando pensamos que algo es interesante por sí mismo, lo que realmente estamos pensando es que hay cosas que nos interesan y cosas que no nos interesan. El interés, en este sentido, no difiere de nuestros gustos. Entonces, lo que realmente estaremos diciendo será: “Esto me gusta, esto no me gusta”.

Pero si esta es nuestra manera de pensar el estudio, muy pocas cosas podremos estudiar. El gusto, como muchos otros de nuestros hábitos, es una construcción ideológica que la familia, la sociedad y el Estado llevan a cabo en cada uno de nosotros a través de la educación. Una ideología que nos acompaña y que determina en gran medida nuestra forma de vivir, pero que al tratarse de algo ideológico, sólo nos permite lo conocido y lo familiar. Esto significa que no podré conocer otras cosas que no sean ni conocidas ni familiares, por alejarse de mis gustos.

Ahora bien, pensando que hay cosas interesantes per se, atribuimos a las cosas una esencia o un espíritu capaz de capturar nuestro interés. Esta forma de pensar, es previa al pensamiento moderno al que dio origen la Revolución Copernicana.

El psicoanálisis, la última y más importante de las revoluciones copernicanas producidas en el pensamiento humano, viene a decir que no hay nada interesante per se, que todo lo interesante lo es si previamente lo he rodeado con mi libido, es decir, con mi interés.

Esta formulación es de una gran importancia, si tenemos en cuenta que el sujeto psíquico lo hace todo con su libido. No sólo lo que estudiamos, sino todas nuestras relaciones con la realidad, con las personas y con el pensamiento, son expresión de lo que podemos hacer con nuestra libido.

El movimiento que hace la libido podría describirse como un movimiento envoltorio que parte del sujeto, enlaza al objeto y retorna al sujeto. Este movimiento es lo que hace que algo tenga o no tenga interés para mí. En este sentido, la libido no tiene objeto, sino que se desplaza constantemente sobre los objetos, construyéndolos como objetos de interés o, por el contrario, abandonándolos a la indiferencia.

Por ello, si estudiamos poco, amamos poco, trabajamos poco… significa que nuestra libido está detenida en algún lugar del circuito que habitualmente realizamos para relacionarnos con el mundo: o bien en un único objeto o bien en nosotros mismos. Si se trata de un objeto, la elección es con seguridad incestuosa. Si la libido está detenida en mí mismo, el narcisismo es su mejor descripción. El sujeto, en esta situación, no encuentra ningún tema más interesante que sus propios pensamientos.

Sea como sea, el sujeto sufre cuando se produce esta rigidez libidinal y muchas veces para salir de ella recurre a la enfermedad.

Desde esta perspectiva, el estudio no sería otra cosa que la tarea de aplicar nuestro interés, es decir, nuestra libido, a los distintos objetos de estudio. No habría, por tanto, asignaturas ni temas más interesantes que otros. Lo que habría sería el trabajo de enlazar aquello que debemos estudiar con nuestro interés libidinal.

Debido a que la libido enlaza mejor con aquellos caminos conocidos, es decir, con aquello que se hace significante, la repetición de una tarea, de un acto producirá la ligazón necesaria para llevar a cabo dicha tarea. Así por ejemplo, repitiendo el acto de leer, estudiar o investigar conseguiremos que leer, estudiar e investigar se hagan interesantes por sí mismos, independientemente del objeto al que se apliquen.

El deseo, como todo lo humano, es producto de un trabajo. Si mi deseo es estudiar, tengo que saber que dicho deseo no es previo a la tarea, sino que es un efecto de la tarea de estudiar. Es el ejercicio del estudio lo que hace que estudiar se haga interesante.

 

Ruy Henríquez

Psicoanalista

www.ruyhenriquez.com

 

 

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Una nueva ideología

George Grosz. The Agitator. 1928

George Grosz. The Agitator. 1928

Puede decirse en voz alta lo que estos chistes se atreven tan sólo a murmurar; esto es, que los deseos y anhelos de los hombres tienen un derecho a hacerse oír al lado de las amplias y desconsideradas exigencias de la moral, y no ha faltado en nuestros días quien con acertada y firme frase ha dicho que nuestra moral es únicamente la egoísta prescripción de una minoría de ricos y poderosos que pueden satisfacer a toda hora, sin aplazamiento alguno, todos sus deseos. Hasta tanto que la Medicina haya logrado asegurar nuestra vida y contribuyan las normas sociales a hacerla más satisfactoria, no podrá ser ahogada en nosotros la voz que se alza contra las exigencias de la Moral. Por lo menos, todo hombre sincero ha de hacerse eco íntimamente de esta confesión. Sólo indirectamente y mediante una nueva ideología es posible resolver este conflicto. Debemos ligar nuestra vida a la de los demás e identificarnos con ellos de tal modo, que la brevedad de la propia duración resulte superable. Pensando así, no debemos intentar a toda costa la satisfacción de nuestras necesidades, aun por no existir razones según las cuales debamos dejarlas insatisfechas, dado que sólo la perduración de tantos deseos incumplidos puede desarrollar un día poder suficiente para transformar el orden social. Más como no todas las necesidades personales pueden ser desplazadas de este modo y transferidas a otros, no existirá, por tanto, una general y definitiva solución al conflicto

Sigmund Freud
“Las intenciones del chiste” (3)
El chiste y su relación con lo inconsciente

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