Estrechos son los bajeles

… Estrechos son los bajeles, estrecho nuestro lecho.
Inmensa la extensión de las aguas, más vasto nuestro imperio.
En las cerradas estancias del deseo.

 

Saint-John Perse
Mares, 1957

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IMPOSIBLE

Mark Horst, a.e. & e.l., 22" x 30", charcoal on paper. 2009

Mark Horst, a.e. & e.l., 22″ x 30″, charcoal on paper. 2009

Imposible saber cuándo ese rincón de mi alma se ha dormido
Y cuándo volverá otra vez a tomar parte en mis fiestas íntimas
O si ese trozo se fue para siempre
O bien si fue robado y se encuentra íntegro en otro

Imposible saber si el árbol primitivo adentro de tu ser
siente todavía el viento milenario
Si tú recuerdas el canto de la madre cuaternaria
Y los grandes gritos de tu rapto
Y la voz sollozante del océano que acababa de abrir los ojos
Y agitaba las manos y lloraba en su cuna

Para vivir no necesitamos tantos horizontes
Las cabezas de amapola que hemos comido sufren por nosotros
Mi almendro habla por una parte de mí mismo
Yo estoy cerca y estoy lejos

Tengo centenares de épocas en mi breve tiempo
Tengo miles de lenguas en mi ser profundo
Cataclismos de la tierra accidentes de planetas
Y algunas estrellas de luto
¿Recuerdas cuando eras un sonido entre los árboles
Y cuando eras un pequeño rayo vertiginoso?

Ahora tenemos la memoria demasiado cargada
Las flores de nuestras orejas palidecen
A veces veo reflejos de plumas en mi pecho
No me mires con tantos fantasmas
Quiero dormir quiero oír otra vez las voces perdidas
Como los cometas que han pasado a otros sistemas

¿En dónde estábamos? ¿En qué luz en qué silencio?
¿En dónde estaremos?
Tantas cosas tantas cosas tantas cosas

Yo soplo para apagar tus ojos
¿Recuerdas cuando eras un suspiro entre dos ramas?

 

Vicente Huidobro

Publicado en Las 2001 Noches. Revista de Poesía, Aforismos y Frescores

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SOLIDARIDAD ENTRE EL CUERPO Y EL ALMA

Mark Boyle, "Monoscapes. Black and White landscapes from all around the place", 2011

Mark Boyle, “Monoscapes. Black and White landscapes from all around the place”, 2011

La cubierta del alma es nuestro cuerpo,
y ella misma del cuerpo centinela
y causa de salud; pues que se unen
entre sí mismas estas dos sustancias
con raíces comunes, no se puede
una de otra apartar sin destruirlas.
Si al incienso quitar su olor no es fácil
sin que perezca su naturaleza,
de la misma manera es imposible
quitar de todo el cuerpo ánimo y alma
sin que las dos sustancias se disuelva.
De esta manera la naturaleza
ha unido íntimamente sus principios
en el instante mismo de formarlas,
y sujetólas a la misma suerte:
no pueden, pues, obrar ni sentir ellas
sin darse mutuo auxilio; reunidos,
empero, sus comunes movimientos,
nos encienden la antorcha de la vida.
Ni se engendra ni crece por sí el cuerpo,
ni después de la muerte sobrevive,
pues aquellas partículas de fuego
que contiene en sí el agua cuando hierve,
pueden generalmente evaporarse
sin que se descomponga la misma agua
por esta causa; pero no así pueden
los miembros resistir desamparados
la salida del alma; su tejido
se rompe y se empobrece por entero,
y mutuamente el peso de la vida
aprenden a llevar desde muy tiernas
estas sustancias en el vientre mismo
de las madres: no pueden separarse
sin perecer, y pues que están unidas
mutuamente entre sí por conservarse,
claro verás que su naturaleza
debe en unión recíproca estrecharse.
Si alguno al cuerpo el sentimiento niega,
y cree que recibe aquél el alma
por estar derramada en todo el cuerpo,
ataca abiertamente la evidencia.
¿Quién dirá el modo de sentir el cuerpo
sino porque está unido con el alma,
como nos ha enseñado la experiencia?
El alma retirada, queda el cuerpo
de todo sentimiento despojado:
pierde en la vida lo que no era suyo,
y le roba la muerte mayor presa.

Lucrecio (99 a.C – 55ª.C.)
De rerum natura (De la naturaleza de las cosas)
Libro III, 450-490

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edipo

CHARLA-COLOQUIO: ¿QUÉ ES EL COMPLEJO DE EDIPO? – ENTRADA LIBRE. 28 DE MAYO DE 2016, 12:00 h.

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