VICTORIA DE LA NOCHE

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Kim Byungkwan, X-report_oldstar#06 acrylic on canvas 90.9×72.7cm

He estado combatiéndole con mi rencor de rocas
y mi odio de montañas a su abismal dominio.
El tiene los espacios y cada vez que truena
sobre mí, palidece temeroso mi océano.
Yo les grito a las piedras: defended mis llanuras
ante el hondo galope de sus potros divinos.
Y a mis arduas violencias: deshacedle sus nubes.
Y ordené rebelión a montañas y mares.
En la sombra telúrica me oculté rencoroso
por huir del asalto de su luz posesiva.
Tronó sobre mis cumbres otra vez como nunca
y cayeron diluvios y huracanes y rayos.
Victorioso en mis nieblas solitarias estuve.
Descubrió, por vencerme, sus más limpios luceros
y sentí desquiciarse mi seguro basalto.
Ya voy a ser vencido. Lo sé. Contra la noche
saturada de estrellas nada puede mi cólera.

Germán Pardo García
Lucero sin orillas, 1952

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SOBRE EL PERFECCIONAMIENTO

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William Theophilus Brown

Nadie ha podido demostrar aún la existencia de un instinto general de superevolución en el mundo animal y vegetal, a pesar de que tal dirección evolutiva parece indiscutible. Más, por un lado, es quizá tan sólo un juicio personal al declarar que un grado evolutivo es superior a otro, y, además, la Biología nos muestra que la superevolución en un punto se consigue con frecuencia por regresión de otro. Existen también muchas formas animales cuyos estados juveniles nos dejan reconocer que su desarrollo ha tomado más bien un carácter regresivo. Superevolución y regresión podían ser ambas consecuencias de fuerzas exteriores que impulsan a la adaptación, y el papel de los instintos quedaría entonces limitado a mantener fija la obligada transformación como fuente de placer interior. Para muchos de nosotros es difícil prescindir de la creencia de que en el hombre mismo reside un instinto de perfeccionamiento que le ha llevado hasta su actual grado elevado de función espiritual y sublimación ética y del que debe esperarse que cuidará de su desarrollo hasta el superhombre. Más, por mí parte, no creo en tal instinto interior y no veo medio de mantener viva esta benéfica ilusión. El desarrollo humano hasta el presente me parece no necesitar explicación distinta del de los animales, y lo que de impulso incansable a una mayor perfección se observa en una minoría de individuos humanos puede comprenderse sin dificultad como consecuencia de la represión de los instintos, proceso al que se debe lo más valioso de la civilización humana. El instinto reprimido no cesa nunca de aspirar a su total satisfacción, que consistiría en la repetición de un satisfactorio suceso primario. Todas las formaciones sustitutivas o reactivas, y las sublimaciones, son insuficientes para hacer cesar su permanente tensión. De la diferencia entre el placer de satisfacción hallado y el exigido surge el factor impulsor, que no permite la detención en ninguna de las situaciones presentes, sino qué, como dijo el poeta, «tiende, indomado, siempre hacia adelante» (Fausto, I). El camino hacia atrás, hacia la total satisfacción, es siempre desplazado por las resistencias que mantienen la represión, y de este modo no queda otro remedio sino avanzar en la dirección evolutiva que permanece libre, aunque sin esperanza de dar fin al proceso y poder alcanzar la meta. Los procesos que tienen lugar en el desarrollo de una fobia neurótica, perturbación que no es más que un intento de fuga ante una satisfacción instintiva, nos dan el modelo de la génesis de este aparente «instinto de perfeccionamiento»; instinto qué, sin embargo, no podemos atribuir a todos los individuos humanos. Las condiciones dinámicas para su existencia se dan ciertamente en general; pero las circunstancias económicas parecen no favorecer el fenómeno más que en muy raros casos.

Sigmund Freud
Más allá del principio del placer

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“De la diferencia entre el placer de satisfacción hallado y el exigido surge el factor impulsor”

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RESPECTO A LOS SIGNOS QUE APARECEN EN LOS SUEÑOS…

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Terry St. John, “Still Life”, 20in x 15in, Oil on Canvas

Respecto a los signos que aparecen en los sueños, quien tenga un recto conocimiento (de ellos) advertirá que poseen una gran influencia de cara a cualquier asun­to. Pues el alma, en tanto que está al servicio del cuer­po despierto, dividiéndose en muchas atenciones no re­sulta dueña de sí misma, sino que se entrega en alguna parte a cada facultad del cuerpo: al oído, a la vista, al tacto, al caminar, a las acciones del cuerpo entero. La mente no se pertenece a sí misma. Pero cuando el cuer­po reposa, el alma, que se pone en movimiento y está despierta, administra su propio dominio, y lleva a cabo ella sola todas las actividades del cuerpo.
Así que el cuerpo no se entera, pero el alma despier­ta lo conoce todo, ve lo visible y escucha lo audible, camina, toca, se apena, reflexiona, quedándose en su bre­ve ámbito. Todas las funciones del cuerpo o del alma, todas ellas las cumple el alma durante el sueño. De modo que quien sabe juzgar estas cosas rectamente po­see buena parte de la sabiduría.

Sobre la dieta, Libro IV 86
Corpus Hipocraticum (siglo IV a.C.)

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HABLAS DE CIVILIZACIÓN, Y DE QUE NO DEBE SER…

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Barbara Kroll, “Woman”, 100 x 70, cardboard, 2015

Hablas de civilización, y de que no debe ser,
o de que no debe ser así.
Dices que todos sufren, o la mayoría de todos,
con las cosas humanas por estar tal como están.
Dices que si fueran diferentes sufrirían menos.
Dices que si fueran como tú quieres sería mejor.
Te escucho sin oír.
¿Para qué habría de querer oír?
Por oírte a ti nada sabría.
Si las cosas fuesen diferentes, serían diferentes: eso es todo.
Si las cosas fuesen como tú quieres, serían sólo como tú quieres.
¡Ay de ti y de todos los que pasan la vida
queriendo inventar la máquina de hacer felicidad!

Fernando Pessoa
De Poemas inconjuntos (1913-1915)

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LA LABOR PSICOANALÍTICA

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Neo Rauch, Das Gut, 2008

La labor psicoanalítica se plantea siempre la tarea de mover al paciente a renunciar a un placer próximo e inmediato. No es que haya de renunciar en general al placer; ello es cosa de la que difícilmente puede creerse capaz a un hombre, y hasta la religión tiene que basar sus exigencias al renunciar al placer terrenal en la promesa de otorgar a cambio una medida infinitamente mayor de placer en el más allá. No; el enfermo ha de renunciar tan sólo a aquellas satisfacciones a las que sigue, indefectiblemente, un daño; no ha de hacer más que someterse a una privación temporal, aprender a trocar el placer inmediato por otro más seguro, aunque más lejano. O dicho de otro modo: debe llevar a cabo, bajo la dirección del médico, aquel avance desde el principio del placer al principio de la realidad, que diferencia al hombre maduro del niño. En esta obra educativa, el mejor conocimiento del médico apenas desempeña un papel decisivo; no puede decir, por lo general, el enfermo nada distinto de lo que al mismo puede dictarle su propio entendimiento. Pero no nos es igual saber algo por nosotros mismos que oírselo decir por otro; el médico desempeña el papel de este otro sujeto eficiente y se sirve de la influencia que un hombre ejerce sobre los demás. Recordaremos también que en el psicoanálisis es cosa habitual sustituir lo originario y radical a lo derivado y mitigado, y diremos, en consecuencia, que el médico se sirve en su obra educativa de un componente cualquiera del amor. No hace, probablemente, más que repetir en tal educación ulterior el proceso que hizo posible, en general, la primera educación. Junto a la necesidad, es el amor el gran educador, y el hombre en vías de formación es movido por el amor de los que le rodean a acatar los mandamientos de la necesidad, ahorrándose así los castigos que su infracción acarrea.

Sigmund Freud
Varios tipos de caracter descubiertos en la labor analítica, 1916

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AMOR Y ODIO. LA AMBIVALENCIA DE LOS SENTIMIENTOS. CHARLA COLOQUIO. SÁBADO 24 DE JUNIO 2017, 11:30 H.

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SOBRE CIENCIA Y RELIGIÓN

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László Moholy-Nagy: Celos, 1927

¿Por qué al hablar de ciencia, algunas veces, parece que estamos hablando de religión? En ciencia no son válidos los argumentos de autoridad (“te lo aseguro”, “yo te lo digo”, “es muy interesante”).

Hablar de ciencia es como contar un chiste. No puedes hacer reír a nadie diciéndole simplemente que algo es muy chistoso. ¡Tienes que hacerlo reír!

Esto es algo que sucede también en el arte o en la poesía. No puedo decir solamente ¡Es bello! ¡Es poético! y esperar que mi interlocutor esté de acuerdo conmigo. Tengo que hacer que la belleza o la poesía resplandezcan.

Con la ciencia ocurre igual. No puedo decir: “la ciencia es genial y muy interesante”. Tienes que hacerla brillar ante los ojos de quien te está escuchando, con las propias leyes de la ciencia. Y el mejor escenario para hacerlo eres tú mismo.

Ruy J. Henríquez Garrido
Psicoanalista

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