MUERTE POR AGUA / T. S. Eliot

"Lunch on the Grass" in 1863 by E. Manet (1832-1883)

“Lunch on the Grass” in 1863 by E. Manet (1832-1883)

Phlebas el Fenicio, muerto hace dos semanas,
olvidó el grito de las gaviotas y el hincharse del fondo del mar
y la ganancia y la pérdida.
Una corriente bajo el mar
recogió sus huesos con susurros. Mientras se levantaba y caía
cruzó las edades de su vejez y juventud entrando en el remolino.
Gentil o judío
Oh, tú, que das vuelta a la rueda y miras a todos lados
Considera a Phlebas, quien fue, en otro tiempo
tan guapo y alto como tú.

T. S. Eliot
La tierra baldía

 

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INTERRUPCIONES. CUENTOS BREVES… SEGÚN SE LEAN

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SE JUZGARÍA CON MÁS ACIERTO A UN HOMBRE POR LO QUE SUEÑA…

Schad, Christian

Retrato del Dr. Haustein – Schad, Christian | Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

“… si fuese dado a nuestros carnales ojos ver en la conciencia del otro, se juzgaría con más acierto a un hombre por lo que sueña en su imaginación que por lo que piensa, porque en el pensamiento hay voluntad, en el sueño no la hay. Este sueño o meditación, cuando es espontáneo, toma y conserva, aun en lo gigantesco e ideal, la figura de nuestro espíritu. Nada sale más directamente y más sinceramente del fondo mismo de nuestra alma que esas aspiraciones irreflexivas y desmesuradas hacia los esplendores del destino. En ellas, más que en las ideas compuestas razonadas y coordinadas, puede encontrarse el verdadero carácter de cada hombre. Las quimeras de nuestra imaginación son los objetos que más se nos parecen. Cada uno sueña lo desconocido y lo imposible, según su naturaleza.”

Victor Hugo
Los miserables

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SOBRE LA NATURALEZA PSÍQUICA DEL DESEAR

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Neo Rauch: Die Fuge, 2007

Es indudable que para llegar a su perfección actual ha tenido que pasar este aparato [psíquico] por una larga evolución. Podemos, pues, representárnoslo en un estado anterior de su capacidad funcional. Determinadas hipótesis nos dicen que el aparato aspiró primeramente a mantenerse libre de estímulos en lo posible y adoptó con este fin, en su primera estructura, el esquema del aparato de reflexión que le permita derivar en el acto por caminos motores las excitaciones sensibles que hasta él llegaban. Pero las ineludibles condiciones de la vida vinieron a perturbar esta sencilla función, dando simultáneamente al aparato el impulso que provocó su ulterior desarrollo. Los primeros estímulos que a él llegaron fueron los correspondientes a las grandes necesidades físicas. La excitación provocada por la necesidad interna buscará una derivación en la motilidad derivación que podremos calificar de «modificación interna» o de expresión de las emociones. El niño hambriento grita y patalea, pero esto no modifica en nada su situación, pues la excitación emanada de la necesidad no corresponde a una energía de efecto momentáneo, sino a una energía de efecto continuado. La situación continuará siendo la misma hasta que por un medio cualquiera -en el caso del niño, por un auxilio ajeno- se llega al conocimiento de la experiencia de satisfacción, que suprime la excitación interior. La aparición de cierta percepción (el alimento en este caso), cuya imagen mnémica queda asociada a partir de este momento con la huella mnémica de la excitación emanada de la necesidad, constituye un componente esencial de esta experiencia.

En cuanto la necesidad resurja, surgirá también, merced a la relación establecida, un impulso psíquico que cargará de nuevo la imagen mnémica de dicha percepción y provocará nuevamente esta última, esto es, que tenderá a reconstituir la situación de la primera satisfacción. Tal impulso es lo que calificamos de deseos. La reaparición de la percepción es la realización del deseo, y la carga psíquica completa de la percepción, por la excitación emanada de la necesidad, es el camino más corto para llegar a dicha realización. Nada hay que nos impida aceptar un estado primitivo del aparato psíquico en el que este camino quede recorrido de tal manera que el deseo termine en una alucinación. Esta primera actividad psíquica tiende, por tanto, a una identidad de percepción, o sea a la repetición de aquella percepción que se halla enlazada con la satisfacción de la necesidad. Una amarga experiencia de la vida ha debido de modificar esta actividad mental primitiva, convirtiéndola en una actividad mental secundaria más adecuada al fin. El establecimiento de la identidad de percepción, por el breve camino regresivo en el interior del aparato, no tiene en otro lugar la consecuencia que aparece enlazada desde el exterior con la carga de la misma percepción. La satisfacción no se verifica y la necesidad perdura. Para hacer equivalente la carga interior a la exterior tendría que ser conservada ésta constantemente, como sucede en las psicosis alucinatorias y en las fantasías de hambre, fenómenos que agotan su función psíquica en la conservación del objeto deseado.

Para alcanzar un aprovechamiento más adecuado de la energía psíquica será necesario detener la regresión, de manera que no vaya más allá de la huella mnémica y pueda buscar, partiendo de ella, otros caminos que la conduzcan al establecimiento de la identidad deseada en el mundo exterior. Esta coerción y la derivación consiguiente de la excitación constituyen la labor de un segundo sistema, que domina la motilidad voluntaria; esto es, un sistema en cuya función se agrega ahora el empleo de la motilidad para fines antes recordados. Pero toda la complicada actividad mental que se desarrolla desde la huella mnémica hasta la creación de la identidad de percepción por el mundo exterior no representa sino un rodeo que la experiencia ha demostrado necesario para llegar a la realización de deseos. El acto de pensar no es otra cosa que la sustitución del deseo alucinatorio. Resulta, pues, perfectamente lógico que el sueño sea una realización de deseos, dado que sólo un deseo puede incitar al trabajo a nuestro aparato anímico.

Realizando sus deseos por un breve camino regresivo, nos conserva el sueño una muestra del funcionamiento primario del aparato psíquico, funcionamiento abandonado luego por inadecuado fin. Aquello que dominaba en la vigilia, cuando la vida psíquica era aún muy joven y poco trabajadora, aparece ahora confinado en la vida nocturna, del mismo modo que las armas primitivas de la Humanidad, el arco y la flecha, han pasado a ser juguetes de los niños. El soñar es una parte de la vida anímica infantil superada. En las psicosis se imponen de nuevo estos funcionamientos del aparato psíquico, reprimidos durante la vigilia, y muestran su incapacidad para la satisfacción de nuestras necesidades relacionadas con el mundo exterior. Los impulsos optativos inconscientes tienden también a imponerse durante el día, y tanto la transferencia como las psicosis nos muestran que dichos impulsos quisieran llegar a la conciencia y al dominio de la motilidad siguiendo los caminos que atraviesan el sistema de lo preconsciente. En la censura entre Inc. y Prec., censura cuya existencia nos ha sido revelada por el estudio del sueño, tenemos que reconocer, por tanto, la instancia que vela por nuestra salud mental.

Sigmund Freud
“La realización de deseos”
La interpretación de los sueños

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UNA CAMA (Informe completo]

Con el soplo de Orión en su adormecedora planicie
la mitad de mi vida pasó allí. en su caverna.
-jardines ciegos y tan tibios-
apenas una escama del resplandor salino de la luna.
Extraño mueble
con las patas hundidas en la tierra.
vuela y se deforma. se hunde en la tormenta, susurra
pasan nubes de otro horizonte. zonas de países indecisos. Allí he dormido con risas y llantos
-sombras de un bosque sumergido-
las venas llenas de fantasmas,
gentes cuyos rostros humean, flotan en nieblas,
en desenfrenos, en irreversibles adioses.
Inmensas sábanas de las islas,
acurrucado en sus letanías, ileso entre los incendios
y las oraciones.
la mano hundida en tales cabelleras de gran estirpe en el fondo de un lago.
mi país se extendía hasta la orilla de los vivientes con
dioses y soles.
y no es que pretenda desoír el terror de la noche al ir tan
lejos
para yacer en medio de un mundo impalpable.
Y esas desconocidas salidas, de la lluvia secretas.
cuya empapada ropa forma estrías al pegarse a sus cuerpos como en mármoles jónicos.
transformados de pronto en algún ser amado y vengativo rememorando el tiempo perdido con la voz de los
muertos.

Allí soy lo que fui, lo que seré:
oleaje, un reverbero, una playa en la raíz del mundo,
en todas las formas instantáneas del deseo,
decadencia, crónicas pasionales,
amores extinguidos en fraudes, en cartas baldías.
con burlonas esfinges,
personajes estériles y resplandecientes.
de sentimientos confusos, como si nadie supiera
jamás junto a quién ha vivido.
qué labios se besan en la sombra, hasta el último extremo
de los cuerpos.
bellezas furtivas
preparando en la sombra su veneno.

Y así se asume el desamparo infinito de la noche
y de qué modo en cualquier cama se posa el amor y
su naufragio,
y sabemos que todo hombre y mujer que conocimos
hemos recibido una gracia.
un don de exterminio, un relámpago más para cerrar
el círculo de los años.
Y así sube de nuevo hasta mi alma el negro que desde
la borda me regaló un pescado.
y la mujer más alta que el cielo -como toda mujer-
con grandes aros de oro,
sagrada por sus magias, su fulgor, su omnipotencia carnal
y las ardientes desapariciones de cada lugar y cada caricia,
y todo ello circula, vacila, vibra en la médula
en ese espacio cuyo clima es vértigo,
vestigios que enumera una lengua de fuego.

Es una cama,
para invocar un imperio baldío de ojos de pesadilla
cubiertos de musgo.
encogidas piernas, remordimientos de almohada.
Y mañana
transitar nuevamente con una camisa de topo por
donde el tiempo pasa gota a gota.

el desayuno mutilado, la negra sal en la cocina.
pero es una cama:
de todos moda estas sábanas son una fiesta.
un conjuro.
Tantas mutaciones, tantas amenazas prometen algo.

 

Enrique Molina

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AQUELLOS QUE OS ATAN NO COMPRENDERÁN VUESTRA LENGUA

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Marlène Dumas

Niños en mantillas

Oh ciudades del mar, veo en vosotras a vuestros ciudadanos, hombres y mujeres, con los brazos y las piernas estrechamente atados con sólidos lazos por gentes que no comprenderán vuestro lenguaje y sólo entre vosotros podréis exhalar, con quejas lagrimeares, lamentaciones y suspiros, vuestros dolores y vuestras añoranzas de la libertad perdida. Porque aquellos que os atan no comprenderán vuestra lengua, como tampoco vosotros los comprenderéis.

Leonardo Da Vinci, Cuadernos

(“La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud”. Escritos I, Jacques Lacan)

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LA MUERTE NO ES UNA ENFERMEDAD

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Call of Death by Käthe Kollwitz

La muerte es del orden de la salud, pero no es una enfermedad. La medicina no se ocupa de acabar con ella (aunque algunos médicos crean que esa es su tarea). Al contrario, la ciencia nace y se sabe incompleta. La falta es uno de sus elementos constituyentes, un espacio vacío que la alienta y que no se nombra, como en el sujeto lo es la pulsión de muerte. La mortalidad es del orden del lenguaje. Por eso no nos podemos curar de ella. En ese sentido, y solo en ese sentido, somos mortalmente incurables, aunque duremos 200 años.
Muchas de nuestras enfermedades y desórdenes de la salud se producen, precisamente, a causa de negar nuestra mortal condición.

Ruy Henríquez
psicoanalista

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