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AMOR Y ODIO. LA AMBIVALENCIA DE LOS SENTIMIENTOS. CHARLA COLOQUIO. SÁBADO 24 DE JUNIO 2017, 11:30 H.

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SOBRE CIENCIA Y RELIGIÓN

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László Moholy-Nagy: Celos, 1927

¿Por qué al hablar de ciencia, algunas veces, parece que estamos hablando de religión? En ciencia no son válidos los argumentos de autoridad (“te lo aseguro”, “yo te lo digo”, “es muy interesante”).

Hablar de ciencia es como contar un chiste. No puedes hacer reír a nadie diciéndole simplemente que algo es muy chistoso. ¡Tienes que hacerlo reír!

Esto es algo que sucede también en el arte o en la poesía. No puedo decir solamente ¡Es bello! ¡Es poético! y esperar que mi interlocutor esté de acuerdo conmigo. Tengo que hacer que la belleza o la poesía resplandezcan.

Con la ciencia ocurre igual. No puedo decir: “la ciencia es genial y muy interesante”. Tienes que hacerla brillar ante los ojos de quien te está escuchando, con las propias leyes de la ciencia. Y el mejor escenario para hacerlo eres tú mismo.

Ruy J. Henríquez Garrido
Psicoanalista

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LA DEGRADACIÓN DE LA VIDA AMOROSA. CHARLA COLOQUIO. SÁBADO 3 DE JUNIO 2017, 11:30 H.

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EL OSO POLAR Y LA BALLENA NO PUEDEN HACER LA GUERRA

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Daniel Pitin: The Birds, 2004

Se ha dicho que el oso polar y la ballena no pueden hacer la guerra porque, hallándose confinados cada uno en su elemento, les es imposible aproximarse. Pues bien: idénticamente imposible me es a mí discutir con aquellos psicólogos y neurólogos que no reconocen las premisas del psicoanálisis y consideran artificiosos sus resultados. En cambio, se ha desarrollado en los últimos años una oposición por parte de otros investigadores, que, por lo menos a su propio juicio, permanecen dentro del terreno del análisis y que no niegan su técnica ni sus resultados, pero se creen con derecho a deducir del mismo material conclusiones distintas y someterlo a distintas interpretaciones.

Ahora bien: la contradicción teórica es casi siempre infructuosa. En cuanto empezamos a alejarnos del material básico corremos peligro de emborracharnos con nuestras propias afirmaciones y acabar defendiendo opiniones que toda observación hubiera demostrado errónea. Me parece, pues, mucho más adecuado combatir las teorías divergentes contrastándolas con casos y problemas concretos.

Sigmun Freud
Historia de una neurosis infantil (Caso del “Hombre de los lobos”)
1914 [1918]

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ELEGÍA DE LAS PALABRAS

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Wilhelm Sasnal, Untitled (Mountain)

Nos siguen voces mustias,

inconexas, lejanas,

del color de los cirios

sin la flor de la llama.

Ocultamente viven

en la tez escarlata

de los labios aéreos,

inmóviles como alas

de lentas mariposas.

De pronto se abren rápidas,

para cerrarse en climas

de misteriosa calma.

 

Vuelven a abrirse súbitas,

y son como parásitas

de selvas guturales,

audífonas y mágicas.

Y vuelven a cerrarse

sumisas; y traspasan

labidental orilla

de nieves y de granas.

Se alejan de los tímpanos,

envueltas en las gasas

de acentos y de músicas

y espíritus que vagan.

Sedientas de silencio,

perforan las murallas;

se van como espirales;

se desintegran, pasan

girando en las elípticas;

se tiñen de invioladas

auroras superiores;

sus números enlazan

con todo lo absoluto

de cifras y distancias.

 

Tal vez alumbran solas

por siglos, como brasas

de estrellas abolidas,

o púrpuras precarias,

hasta que al fin sintiéndose

remotas, inhumanas,

recuerdan longitudes,

descienden y reclaman

calor para su hielo;

raíz para su savia;

salud para el estrago

que albergan enigmáticas.

Y asedian los oídos,

insisten y taladran;

circulan como vientos;

aturden como ráfagas;

y oscuras y furtivas

y agónicas, se abrazan

a las dormidas lenguas,

y nuestros labios hablan

sin saberlo, un idioma

de vidas apagadas;

de abecedarios grises

y exangües consonancias;

de muertos que regresan,

de sombras y de nada.

 

Germán Pardo García
Los sueños corpóreos, 1947

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UN NECIO Y UN SABIO NO VEN EL MISMO ÁRBOL

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Michäel Borremans, The Pupils, 2001. 70×60 cm, oil on canvas

 

Vemos y oímos mejor –en el sentido de que vemos más completa e interesantemente– cuanto más amplia e informada sea la inteligencia que hay detrás de nuestro ver y oír. Por eso dijo Blake con toda razón: “Un necio y un sabio no ven el mismo árbol”.

[…] Un poeta que sepa lo que son las coordenadas de Gauss tiene más probabilidad de escribir un buen soneto de amor que un poeta que no lo sepa. Un poeta que se ha tomado el trabajo de interesarse por una abstrusión matemática tiene en sí el instinto de la curiosidad intelectual, y quien tiene en sí el instinto de la curiosidad intelectual ha de haber recogido, en el curso de su experiencia de la vida, pormenores del amor y del sentimiento superiores a los que podría haber recogido aquel que no es capaz de interesarse más que por el curso normal de la vida que le afecta: el pesebre del oficio y la reata de la sumisión. Uno está más vivo que el otro, al menos como poeta; de ahí la relación sutil entre las coordenadas de Gauss y la Amarilis de turno.

Fernando Pessoa

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EL NIÑO STANTON

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Do you like me?
-Yes, and you?
-Yes, yes.

Cuando me quedo solo
me quedan todavía tus diez años,
los tres caballos ciegos,
tus quince rostros con el rostro de la pedrada
y las fiebres pequeñas heladas sobre las hojas del maíz.
Stanton, hijo mío, Stanton.
A las doce de la noche el cáncer salía por los pasillos
y hablaba con los caracoles vacíos de los documentos,
el vivísimo cáncer lleno de nubes y termómetros
con su casto afán de manzana para que lo piquen los ruiseñores.
En la casa donde hay un cáncer
se quiebran las blancas paredes en el delirio de la astronomía
y por los establos más pequeños y en las cruces de los bosques
brilla por muchos años el fulgor de la quemadura.
Mi dolor sangraba por las tardes
cuando tus ojos eran dos muros,
cuando tus manos eran dos países
y mi cuerpo rumor de hierba.
Mi agonía buscaba su traje,
polvorienta, mordida por los perros,
y tú la acompañaste sin temblar
hasta la puerta del agua oscura.
¡Oh mi Stanton, idiota y bello entre los pequeños animalitos,
con tu madre fracturada por los herreros de las aldeas,
con un hermano bajo los arcos,
otro comido por los hormigueros,
y el cáncer sin alambradas latiendo por las habitaciones!
Hay nodrizas que dan a los niños
ríos de musgo y amargura de pie
y algunas negras suben a los pisos para repartir filtro de rata.
Porque es verdad que la gente
quiere echar las palomas a las alcantarillas
y yo sé lo que esperan los que por la calle
nos oprimen de pronto las yemas de los dedos.

Tu ignorancia es un monte de leones, Stanton.
El día que el cáncer te dio una paliza
y te escupió en el dormitorio donde murieron los huéspedes en la epidemia
y abrió su quebrada rosa de vidrios secos y manos blandas
para salpicar de lodo las pupilas de los que navegan,
tú buscaste en la hierba mi agonía,
mi agonía con flores de terror,
mientras que el agrio cáncer mudo que quiere acostarse contigo
pulverizaba rojos paisajes por las sábanas de amargura,
y ponía sobre los ataúdes
helados arbolitos de ácido bórico.
Stanton, vete al bosque con tus arpas judías,
vete para aprender celestiales palabras
que duermen en los troncos, en nubes, en tortugas,
en los perros dormidos, en el plomo, en el viento,
en lirios que no duermen, en aguas que no copian,
para que aprendas, hijo, lo que tu pueblo olvida.

Cuando empiece el tumulto de la guerra
dejaré un pedazo de queso para tu perro en la oficina.
Tus diez años serán las hojas
que vuelan en los trajes de los muertos,
diez rosas de azufre débil
en el hombro de mi madrugada.
Y yo, Stanton, yo solo, en olvido,
con tus caras marchitas sobre mi boca,
iré penetrando a voces las verdes estatuas de la Malaria.

Federico García Lorca
Poeta en Nueva York, 1929-1930

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